martes, 26 de diciembre de 2017

Monólogo interior ... por Juan José MIllas

Cuando la policía y los servicios sanitarios se disponían a atender a un motorista accidentado en la M-30 de Madrid, descubrieron con sorpresa que tenía cuatro puñaladas en el cuerpo. Antes de perder el sentido, el hombre confesó que se las había practicado él mismo. Rebobino, pues, imaginariamente y veo al individuo en la cocina de su casa, hurgando en el cajón de los cubiertos hasta dar con un cuchillo de punta. Lo toma entre sus manos, los observa brevemente, quizá comprueba que está debidamente limpio, y luego se lo hunde en el pecho sorteando el obstáculo de las costillas. Lo extrae de la carne y vuelve a la carga por segunda vez, y enseguida una tercera, y todavía una cuarta. Después, sangrando por los cuatro costados, abandona el domicilio, toma el ascensor y baja hasta el garaje, donde pone la moto en marcha y sale a la oscuridad de la noche.

Ahí lo tienen, circulando tranquilamente (o desesperado, no tenemos ni idea) con los cuatro ojales abiertos en la piel, quizá deteniéndose en los semáforos en rojo y aminorando la velocidad en los pasos de cebra. Por fin alcanza la M-30, que es una carretera de circunvalación, y comienza a circunvalar perdiendo sangre a la velocidad con la que una moto pierde aceite cuando se le agrieta el cárter. Ignoramos cuánto tiempo aguantó. Los conductores de los automóviles cercanos lo vieron chocar contra la mediana y salir despedido de la máquina. El resto ya se ha contado más arriba: llegó la policía, que dio aviso a los servicios sanitarios, y el hombre les advirtió sobre la autoría de las puñaladas.




Nada sabemos del monólogo interior que se desarrollaba en el interior de su cabeza mientras los otros vehículos lo adelantaban o se dejaban adelantar por él. Se piensa en frases, de modo que debió de pronunciar muchas mentalmente sin dejar de prestar atención al tráfico nocturno. Yo daría uno de mis dedos meñiques por la transcripción de esas frases. ¿Por qué? Por la curiosidad de ver cómo se porta la gramática en una situación tan rara. Me pregunto si la sintaxis perdía sangre también al mismo ritmo que el cuerpo del motorista. Y si solo utilizaba sustantivos.

Juan José Millás

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