lunes, 8 de octubre de 2018

Pawel Pawlikowski: "La tragedia es que esperamos mucho del amor"

El director polaco estrena Cold War, una arrebatadora historia de amor en la posguerra europea 
Aspira a repetir el éxito de Ida, ganadora del Oscar en 2015.

Con su premiada Ida, Pawel Pawlikowski venía a decir que la tragedia puede ser bella. Tras ganar el Oscar a la mejor película de habla no inglesa en 2015, el cineasta polaco regresa ahora con Cold war, un arrebatador y fatídico romance que viene a decir que el amor puede ser trágico.

Ganador del premio a la mejor director en el último Festival de Cannes, Pawlikowski profundiza en la veta creativa de indagar en la historia de su país, en blanco y negro y formato 4:3. Con Cold War se vuelca en un melodrama inspirado en la turbulenta relación sentimental de sus padres, convenientemente transformados en un compositor (Tomasz Kot) y una cantante (Joanna Kulig), zarandeados por sus pulsiones y por la historia europea de los años 50 y 60.

“Del amor humano esperamos grandes cosas, algo absoluto. Pero nunca es absoluto, siempre es relativo y depende de cómo eres en la vida y de tu carácter. La tragedia es que esperamos mucho del amor. El amor divino puede ser absoluto, el amor humano es relativo y a veces cómicamente absurdo”, afirma en una entrevista con RTVE.es durante el último Festival de San Sebastián.


Como sucedía con Ida, Pawlikowski niega intenciones de disertar sobre la historia polaca, pero con siete millones de muertos en la II Guerra y más de cuarenta años de ocupación comunista, las cicatrices están en cada plano.

“Polonia está marcada por la historia: no hay una generación que no haya sido marcada por la política. Y esa situación no es buena para vivir, pero es buena para contar historias”, concede.



Los ecos de la historia
Pawlikowski, que por esos azares terminó viviendo en Reino Unido desde los 14 años (donde ha realizado la mayor parte de su carrera como cineasta y documentalista), reconoce que volver a sus orígenes ha sido iluminador. “Cuando vivía en Reino Unido me faltaba el contexto histórico, la gente allí no es tan consciente de la historia. Hay algo poderoso en contar narraciones emotivas en un entorno histórico”

Del yugo comunista de Polonia, pasando por la escapatoria berlinesa anterior al muro, al idealizado París donde todo pudo funcionar, o incluso por los países no alineados como Yugoslavia. El forillo histórico es un eco constante de las idas y venidas de la pareja. “Las relaciones están bajo la presión de la historia. Afecta a todo: cómo sientes, cómo te relacionas con los demás. O si te comportas decentemente: algo que no es sencillo en ese mundo”, analiza.

Ecos que también se proyectan al fututo. “No era la intención, pero de algún modo habla del presente. Todos estamos preocupados, pero no solo en Polonia. En Hungría, EE.UU. o Turquía hay un patrón similar. Algo que implica un cambio grande en nuestra civilización. De momento solo podemos seguir viviendo y haciendo películas: Tenemos que resistir”.

Un homenaje a sus padres
Pawlikowski vuelve a mostrarse como un virtuoso del encuadre. Si en Ida, todo era estático y plano, la pasión de Cold War le pedía movimiento. “La forma es algo a lo que llego por eliminación: es lo que la historia y personajes necesitan para ser retratados. Es como el blanco y negro. Me encantaría hacerla en color, pero no encontraba colores para recrear la Polonia de los años 50. El blanco y negro es una espacie de atajo honesto para el espectador”.

¿Es Cold War la película más personal de Pawlikowski? “Lo es porque los orígenes son personales. Quería retratar a una pareja, que de algún modo son mis padres, que era desastrosa en muchos sentidos, pero que duró 40 años, entre separaciones, reencuentros y traiciones. Cuando murieron en 1989 supe que tenía que hacer en una película, pero cambiando todos los detalles: cuando algo está tan cerca de ti, no lo ves. Les he reinventado, pero la sombra de mis padres está ahí, y por eso les he dedicado la película”.

Trailer AQUI

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