La gente del norte, esa gente, se sorprende de que en Málaga no salgamos de nuestras casas cuando llueve, como si se originara en la atmósfera una especie de toque de queda que nos hace permanecer encerrados mirando la lluvia como quien observa un acontecimiento extraordinario. Ahora es septiembre y queremos dejar de salir, de beber o de comer, y por eso queremos que llueva, para quedarnos en casa. La tragedia es que no hay manera de hacer que nada de esto suceda. Sin embargo, las ideas sí que caen a diario, como chuzos de punta. Llueven ideas porque todo el mundo tiene alguna, como las opiniones, que son una forma de idea mucho más emocional pero también más vaga porque no incluyen de forma intrínseca una llamada a la acción. También es verdad que las ideas dependen mucho de quién las emita. Por ejemplo, las ideas de los bomberos están denostadas y sufren el desprecio de toda la sociedad en su conjunto; sobre todo las de los ya jubilados. Y también están las ideas de los políticos, que es adonde queríamos llegar, porque nos dan la sensación de que nunca son inocentes.
Ahora llega la temporada alta de nuevos proyectos y de poner en práctica aquellas ideas que se le han ocurrido a la gente en período estival, una época delicada para tener ideas porque muchas se terminan friendo en el cerebro. Tenemos cientos de ejemplos en Málaga de ideas que parecen recién paridas porque no son ni siquiera proyectos, desde crear una patrulla que vigile a los perros hasta la manera de culminar el proceso de peatonalización del centro histórico, un melón que se ha vuelto a abrir esta semana porque pronto hay que tomar una decisión respecto a cómo queremos que quede la Alameda Principal, que todavía no lo tenemos claro. Así que se ha formado un intercambio de ideas en forma de tormenta y que nos parece sanísimo y que servirá para entretenernos, porque va a provocar que sea más difícil ponernos de acuerdo.
Txema Martín
No hay comentarios:
Publicar un comentario