Viene hoy al Festival para recoger la Biznaga de Honor. ¿Uno se acostumbra a recibir tantas distinciones?
En mi caso, el refrán de nadie es profeta en su tierra no se cumple, no puedo decir que en Málaga no se me haya querido y cuidado. Me faltan palabras de agradecimiento, se me han agotado todas. Es una sensación muy bonita sobre todo porque el homenaje es por llevar a Málaga por bandera y por esa parte con la que me siento muy comprometido, con el tema del asociacionismo. Es bonito que Málaga te devuelva en cariño lo que tanto tiempo llevamos sembrando en ella.
Dos películas en las que participa inauguran y cierran el festival. Ha sido un año intenso de rodaje, ¿no?
Ha sido una locura. A veces no se elige, es complicado agendar una película y encontrar fechas, y estas dos casi las hemos rodado al alimón. Primero estuvimos en Japón, luego haciendo ‘Taxi’ y después retomamos de nuevo el rodaje en Coria. Y a los tres días de acabar me fui para Atlanta para empezar con ‘Jungle Cruise’. Eso sumado al cansancio acumulado me ha hecho reflexionar sobre la importancia de saber parar.
Sobre todo siendo uno de los actores más cotizados del momento. Pedro Barbero dijo que usted era el Cristiano Ronaldo del cine español.
Creo que no tengo mucho que ver con él en cuanto a personalidad (risas). Tampoco me siento tan cotizado, es más una sensación, un pensamiento extendido de que Dani Rovira siempre está ocupado y solo hace trabajos muy escogidos. Y para nada. No hago tanto como parece, diría que no estoy ni entre los quince actores españoles que más películas hacen, me encantaría estar en ese ranking, pero no es verdad.
Pero tener un Goya seguirá siendo una buena carta de presentación. ¿Hasta qué punto le cambia la vida a un actor uno de estos cabezones?
Tampoco influye demasiado, en todo caso, en lo que decíamos que de repente pareces falsamente inalcanzable. La particularidad de ese Goya fue sobre todo la revolución de ‘Ocho apellidos vascos’. Veo incluso más factible que te den un premio de estos que participar de un fenómeno social como fue esa película. Pero no te lo voy a negar, tener un Goya es bonito. Lo guardo en casa, en una vitrina, junto a mis cosas
importantes: los muñequitos
del Pressing Catch (risas).
Bueno, para estrella galáctica,
nuestro héroe más cañí:
Superlópez.
Hay papeles que
son un regalo con capa y bigote.
Estoy muy agradecido por
el papel. El director tuvo que
convencerme porque en mi
cabeza todo eran miedos, no
me atrevía con ese personaje
tan carismático y tan nuestro.
Pensaba “pero por qué
no podré hacer un papel más
normal donde todas las miradas
no estén puestas en mí”.
Aun así, el resultado ha sido
precioso. En taquilla ha funcionado
genial y me emociona
que ahora en Carnavales la
gente no ha parado de mandarme
fotos disfrazados de
Superlópez, niños con bigote
haciendo el gesto de los cuernitos.
Me hace mucha ilusión,
de verdad.
Por cierto, hablando de hacer
reír, ¿cansado de hacer
papeles cómicos?
Qué va, ¡bendito encasillamiento!
Dentro de este género
se pueden hacer muchos tipos
de comedia. Pero yo estoy
abierto a toda clase de proyectos.
Mi filosofía en el cine,
como en la vida, es que solo
se vive una vez y cuantas más
experiencias puedas tener
mejor. El fracaso siempre está
presente en nuestra carrera y
la posibilidad de que hagas el
ridículo con un papel existe.
Así que si me gusta un proyecto
lo voy a aceptar, ya sea
un thriller o un western. Todo
actor tiene que estar abierto a
aceptar riesgos, tengo ganas
de algún trabajo que me ponga
las pilas.
Cuando echa la vista atrás,
¿se imaginaba los derroteros
que iba a tomar su carrera?
Ni mucho menos. Antes incluso
de entrar en el mundo
del cine ya pensaba que mi
futuro profesional estaba encauzado.
Estaba feliz con las
colaboraciones en televisión,
el programa de radio, los monólogos…
Todo estaba bien. El
mejor sueño que se cumple es
el que no tienes. Si hago balance
de los últimos cinco años da
vértigo. De ahí que haya tenido
que parar, tomarme unas vacaciones
que llevaba años sin
hacerlo y empezar a ser más
selectivo. Cuando estás a ese
nivel de estrés, eres operativo
pero no disfrutas. Y eso he hecho,
descansar, tomarme un
respiro. Al Festival de Málaga
es la primera vez que voy y
quiero pasarlo bien.
Su agenda debe estar cargada
entre rodajes de cine,
giras y compromisos solidarios.
¿Cómo lo hace?
Es cuestión de organización.
Se trata de no perder el tiempo,
de invertir las horas en algo
productivo. Este año, además
de la promoción de las películas,
retomo monólogos. Ahora
empezamos la gira hasta finales
de junio y luego estaremos
un par de meses en Madrid. Si
todo va bien, a final de año quizá
coja algún rodaje, pero me
lo voy a tomar con calma. No
descarto unas segundas vacaciones
en el mismo año.
TAMARA HARILLO
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