sábado, 19 de agosto de 2017

¿Por qué? ... por Abel Veiga

Los lobos están sedientos de sangre inocente. Sembrar el miedo. El terror. La sensación de fragilidad. De tocabilidad. No hay espacios ni ciudades libres de amenaza¿Por qué ese odio?, ¿por qué atentan en nuestras ciudades, en nuestros países, por qué atacan nuestras sociedades, nuestras formas y maneras de vivir y comportarnos libremente?, ¿qué odian, qué les molesta, qué buscan, qué quieren golpear de verdad? Sangre inocente. Terriblemente inocente. Derramada. A borbotones. No hay explicación racional para tanta violencia. Pero el lobo está sediento de sangre.


Tras la confusión, la dura realidad. Tras el caos, la tragedia al desnudo. Muerte y terror en Barcelona. Pero también en Cambrils, donde una mujer perdió la vida y cuatro de los verdugos han muerto. La ciudad despierta bruscamente de su oasis de paz. Un despertar agridulce, profundamente triste. Con una clara consciencia de vulnerabilidad. Por que eso es lo que sucede cuando te roban la vida, cuando pisotean tu espacio, tu libertad, tus sueños, tus sentimientos. Cuando matan indiscriminadamente y en ese bombo de la suerte o estás o no estás. Muchos años sin el zarpazo del terror. España ha sufrido como pocos países de Europa el zarpazo de la vesania, de la hidra asesina. Llevamos años sin los miserables del tiro en la nuca y los coches bomba. Hipercor, Lluch y tantos y tantos, guardias civiles, policías, militares asesinados en Cataluña. Dejemos ahora aquel viaje a Perpignan entre un conselleren cap y la cúpula etarra. Ahora ya no es ETA. Es el terror global. El islamismo radical. El odio a nuestras sociedades. Barcelona era vulnerable como cualquier otra ciudad europea. Llevamos muchos meses en alerta. Podía pasar, iba a suceder, pero ¿dónde? En cualquier sitio donde hubiere lobos aullando dispuestos a morir ellos mismos.

Los lobos están sedientos de sangre inocente. Sembrar el miedo. El terror. La sensación de fragilidad. De tocabilidad. No hay espacios ni ciudades libres de amenaza.

Amarga lección. Cruda realidad. Ya no es Londres, París, Berlín, Bruselas, Manchester o Madrid. Cualquier ciudad. Están aquí. Sembrar de muerte y terror nuestras calles, nuestros rincones no es difícil. No es hora de quebrar solidaridades. Sentimientos. Es hora de unión de fortaleza democrática. De colaboración para derrotar la violencia. El terror en estado puro. Si somos más somos más fuertes. Fortaleza democrática.

Pero estos muertos nos duelen. Nos duelen más de los que son asesinados en Oriente Próximo, en Yemen, en Siria, en Afganistán, en Iraq. Éstos son nuestros. Los otros no. Son lejanos. No nos incomodan las imágenes diarias de atentados en otros lugares. Somos también hipócritas. No preguntamos. No bombardeamos ni curioseamos mediáticamente los por qués, ni las causas, ni quiénes hacen negocio con la guerra y las armas, y las venden, y las financian, ni quiénes financian a su vez todo el terrorismo. A esos no se les cuestiona en las televisiones, en los medios.

No podemos ni vivir en una burbuja amnésica ni instalarnos en el pánico. No debemos escondernos pero sí ser muy conscientes de que somos vulnerables. Sin miedo. Sin temor.

Que nadie aproveche este terrible atentado con el procés, con el soberanismo, el órdago independentista. No politicemos situaciones. Alguien con responsabilidad autonómica ya ha dicho que la hoja de ruta del procés seguirá. No le ha faltado de tiempo. Pero sí reflexionemos en lo que significa la fortaleza de un estado democrático. En el respeto a la ley y a las instituciones para hacer frente a toda amenaza. Al igual que ayer el mañana se escribe desde la tolerancia, la libertad y la ley. También hoy en una tarde trágica. Me pregunto además cuántas de las víctimas son turistas. Justo ahora cuando otros intolerantes cargan contra ellos.

Queremos seguridad, pero también libertad. La ecuación se quiebra. Debe romperse. Por que ahora la seguridad es lo que prima, lo que nos aflige, lo que urge. Tampoco entremos en este debate de un modo cainita.

Todos somos vulnerables. Hoy más que nunca la ciudadanía debe colaborar, pensar, reflexionar, saber vivir en sociabilidad, saber priorizar lo que de verdad importa.

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