Hay muchos españoles en lista de espera para ser operados, padeciendo la saturación de las Urgencias, aguardando con inquietud un diagnóstico que tarda demasiado, intentando salir adelante en la cama de un hospital en el que los sanitarios se enfrentan diariamente a la sobrecarga de trabajo que las limitaciones presupuestarias les imponen. Hay muchos españoles en paro o con un empleo precario, amargados porque sus hijos no encuentran trabajo o sólo lo hallan en condiciones de explotación y precariedad, angustiados porque perdieron su trabajo con más de 45 años y se hundieron en ese absurdo pantano en el que la experiencia, en vez de ser un valor, es un lastre que los hunde más. Hay muchos españoles que han de afrontar no sólo las limitaciones, pérdidas y soledades que los muchos años conllevan, sino la supervivencia con una pensión miserable tras una larga vida de trabajo. Hay muchos españoles que deben cuidar a familiares dependientes sin poder afrontar con las insuficientes ayudas públicas los gastos que esto conlleva, supliendo esta carencia con una dedicación física y emocionalmente extenuante. Hay muchos españoles que nacen en entornos tan precarios o marginales que están condenados a la desigualdad y el fracaso con muy pocas posibilidades de superarlos, como si la nuestra fuera aún la sociedad estamental del Antiguo Régimen.
