Málaga 1 - 0 Cádiz
En un partido muy táctico y de escasas ocasiones, se lanzó por el rival en la segunda parte, marcó y luego sufrió hasta el último instante.
Imagino a 'Fefe' González en el Cielo con su bandera malaguista al cuello acompañado de Manolo Becerra animando sin parar, sufriendo hasta el último segundo, dándose codazos por los nervios y saltando eufóricos tras el pitido final. Porque fue de esas noches de partido exigente, de más intensidad que juego y también de felicidad acompañada de un respiro hondo. Vamos, Fefe, Manolo, lo que ha sido nuestro Málaga casi toda la vida.
Porque, como si Muñiz y Álvaro no tuvieran más que estudiado al rival, encima ninguno introdujo sorpresas en el once. Paradójicamente, en estos tiempos de complicadísimo pronóstico sobre las intenciones de cualquier entrenador esta vez no era tan difícil acertar. Y luego, en la práctica, quedó patente que los dos entrenadores habían diseñado una partida de ajedrez sin las más mínima concesión. Se observó en los repliegues, en la férrea colocación para no dejar espacios, en la acumulación de hombres en una u otra zona cuando iba a producirse el saque del portero... Obviamente, tanto tacticismo fue en perjuicio del espectáculo porque la primera parte pasó sin pena ni gloria para el aficionado, con escasas oportunidades y, sobre todo, un permanente cuerpo a cuerpo que impidió la fluidez necesaria cuando llegaba la hora de una triangulación o de algún pase al hueco.