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lunes, 29 de junio de 2020

Cuando llegues a vieja ... por Elvira Lindo.


Sé que un joven es incapaz de pensar en su decrepitud, pero yo tengo la fortuna de gozar ahora de una imaginación más amplia y quiero iprepararme para una vejez digna

Una parte de la vida se la pasa uno ignorando que se hará viejo. Tal vez carecer de esa imaginación prospectiva es sin más un mecanismo de defensa. En la otra parte de la vida, cuando llegamos a la madurez, somos conscientes de que el proceso de decadencia puede ser lento, pero implacable. Percibimos lo rápido que se llega al final. Por eso creo que la edad mediana, el ecuador, es la de mayor clarividencia si se está dispuesto a entender cómo los años condicionan nuestro comportamiento. Yo voy por la calle cumpliendo las normas. Asumo que estoy en la edad de cumplirlas: no soy niña, no soy adolescente, ni tan siquiera una vieja a la que todo resbale. Siento en mí el peso del mundo. Me cruzo por la acera con grupos de jóvenes, casi todos ellos sin mascarilla, ocupando el espacio, creyéndose inmortales, disfrutando arrogantes de su juvenilismo militante. Los esquivo, evito sus sudores, sus emanaciones hormonales, sus andares descoordinados y abusivos. Me siento vulnerable. Soy consciente de que soy yo quien se tiene que proteger de su inconsciencia. Leo en The New York Timesque uno de los factores más que probables del aumento alarmante de los contagios en Estados Unidos es, dejando a un lado la idiotez de su presidente, la falta de prudencia de unos jóvenes que piensan que el virus no va con ellos.

domingo, 21 de octubre de 2018

Ni torpes ni sumisos ... por Elvira Lindo



Los políticos jamás deberían utilizar a una parte de la población para atacar al adversario.

Cuando Teresa Rodriguez, la líder de Podemos en Andalucía, declaró en septiembre que “Canal Sur es una rémora para el desarrollo andaluz, una losa que no nos merecemos”, me sorprendió gratamente. Pensé, al fin alguien establecía una relación entre el populacherismo televisado y la condena que supone para un pueblo ser aleccionado por un folclorismo constante que no define en absoluto la riqueza cultural del sur, y actúa sobre los andaluces como si fueran incapaces de producir algo que no sea artisteo baratuno. Y es radicalmente incierto, aunque criticar a Canal Sur sea un tabú, como lo es cuestionar a qué responde la agenda pública referida a la cultura y de qué manera aleccionar al pueblo a que responda al estereotipo acaba por reforzarlo. Los cínicos solían responsabilizar al espectador de dejarse arrastrar por el camino de la incultura, pero ese tipo de cinismo ha de ser reprobado: sabemos muy bien que hay pobre gente que no posee otro medio de entretenimiento o compañía que el que se le ofrece. Que la libre elección ya es en sí un privilegio.

Las declaraciones de Isabel García Tejerina sobre el atraso escolar de los niños andaluces ponían el acento de nuevo en quienes reciben la educación y no en quienes la proyectan. No debiéramos extrañarnos de la extrema sensibilidad con la que han sido recibidas sus palabras porque si hay algo de lo que pueden estar hartos los andaluces es de su eterna caricatura: vagos, incapaces de progresar y regodeándose felizmente en su atraso.

sábado, 18 de febrero de 2017

Adiós, Gran Vía ... por Elvira Lindo

¿En manos de quién estamos dejando el paisaje urbano, que cada vez pierde más carácter y se convierte en copia de Times Square?
Según me voy acercando desde Cibeles a la Gran Vía, los jueves por la tarde, me pregunto cómo estará la cosa para acceder a la radio. ¡Eh, no exagero, no es tarea fácil! Un gentío abraza al contorno del edificio para entrar a ese emporio del low cost al que sabemos son aficionadas algunas diputadas. El sueldo no les da, ya lo dijo Esperanza, para comprarse ropa a su precio justo. Veo a la muchedumbre subir y bajar por esos dos grandes raíles de empinadas escaleras mecánicas y recuerdo que en el día de su abarrotada inauguración tomé una foto desde abajo, la colgué en Instagram, y escribí un escueto pie: “¿Por qué?”. Me llevé una severa reprimenda de varios seguidores que consideraban pija y arrogante mi actitud. Hay que ver la agresividad que hoy en día puede provocar un simple “Por qué”.

domingo, 20 de noviembre de 2016

A la maestra... por Elvira Lindo

Urge abrir una escuela de padres y madres para que aprendan a comportarse. Primera lección: a la maestra no se la pega (permítanme el laísmo)
El lenguaje se infecta. Lo infectan a menudo los políticos y lo infectamos quienes hablamos o escribimos en los medios. Nuestro vicio por una jerga que encubre a menudo un rechazo por la claridad acaba trufando el lenguaje común. Como resultado, a veces hablamos de asuntos cotidianos como si estuviéramos en una tertulia televisiva o haciendo declaraciones en el telediario.

domingo, 6 de noviembre de 2016

La cobra del pueblo ... por Elvira Lindo.

Si hay algo masivo que te disgusta eres un aburrido, un arrogante y un cursi.
A pesar de las redes y de la sobreinformación todavía quedan, a día de hoy, algunas personas inocentes. Benditas sean. Mi marido me llama desde su cuarto porque tiene una duda.

—¿Qué es hacer la cobra?— pregunta.

—Dícese del gesto ondulante que hace una persona con la cabeza hacia atrás para evitar un beso que no desea.

—Ya. Pues mira qué titular viene hoy en primera (da igual el periódico, fueron todos): “Así se vivió en Podemos la cobra de Bisbal a Chenoa”. Pero… ¿es que nos estamos volviendo todos idiotas?

sábado, 15 de octubre de 2016

Y el Grammy es para... ¡Philip Roth! ... por Elvira Lindo

En cuanto se supo el nombre de Bob Dylan como ganador del Nobel de Literatura, pensé en Philip Roth, el ser humano al que más le fastidia no ganar el Nobel
Qué le voy a hacer, intoxicada como estoy de eso que llaman listas de favoritos para el Nobel de Literatura, todos los años pienso en los eternos candidatos. Debe ser muy triste enrocarse en ese puesto de aspirante oficioso, de tal manera que un día al año todo el mundo te recuerde con un poco de penilla. En cuanto se supo el nombre de Dylan, pensé en Philip Roth, porque creo que es el ser humano al que más le fastidia no ganar el Nobel. Si de algo hace alarde el novelista es de una vanidad sin innecesarios pudores. A mí ese desparpajo me resulta muy simpático; cuando le escuché en el documental sobre su persona afirmar que se acababa de leer sus obras completas para ver si se sostenían en el tiempo y que se había quedado bastante satisfecho me entró una ternura enorme por el anciano vanidoso. Al menos es sincero, otros deben estar leyendo sus obras en silencio, preguntándose cómo coño no han entrado ya de una puñetera vez en la lista de eternos candidatos.