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domingo, 26 de mayo de 2019

Presenciar el pasado ... por Javier Marías

Somos la primera gente en la historia con la capacidad y el privilegio de ver la vida de hace décadas, de asomarnos a mundos caducados a través del cine

COMO TANTOS OTROS cambios para mal, creo que este se produjo con la llegada del obtuso siglo XXI, o quizá poco antes. Las televisiones tenían la grata costumbre de emitir películas clásicas o simplemente antiguas, muchas de ellas en blanco y negro. El odio a esta combinación llevó, durante una temporada, a la bárbara práctica de “colorear” Casablanca, Con faldas y a lo loco y puede que hasta Psicosis. La cosa no prosperó, por fortuna, pero muchos de los que apreciamos la maravillosa fotografía en blanco y negro nos vimos obligados a veces a quitar por completo el color de nuestros televisores, a fin de ver esas películas como habían sido concebidas y rodadas, y no convertidas en grotescos cromos. Hubo DVDs que hubieron de anunciar, en sus carátulas, “en glorioso blanco y negro”, para que los cinéfilos estuviéramos tranquilos cuando los comprábamos. Lo cierto es que ese cine desapareció de golpe de las programaciones, y así se perdió un importante factor de la educación de la gente. El resultado es que, como en otros ámbitos (el literario, el musical, el artístico), contamos ya con varias generaciones de analfabetos. Mis amigos cineastas Tano Díaz Yanes y Jaime Chávarri, o mi hermano el crítico Miguel Marías, me han contado cómo, en los cursos que daban a estudiantes, se encontraban con que para muchos de éstos el cine empezaba con El Padrino. Esa creencia fue de corta vida, porque poco después también ese clásico pasó a ser una “antigualla” y los jóvenes creían que se iniciaba todo con Tarantino. Me imagino que hoy Pulp Fictionles parecerá antediluviana y no sé dónde situarán el nacimiento de ese arte. Los hay cultos, claro, pero muchos no han oído hablar de Ciudadano Kane ni de La regla del juego ni de La noche del cazador, de Amanecer ni de Metrópolis (que encima son mudas), de Perdición ni de El hombre que mató a Liberty Valance ni de Sed de mal, por no salirnos del desterrado blanco y negro.

lunes, 3 de septiembre de 2018

martes, 8 de mayo de 2018

Mejor que nada mejore... por Javier Marías

Hoy abundan las personas que protestan de una u otra situación, pero que por nada del mundo quieren ver enmendadas esas situaciones.

HACE BASTANTES AÑOS, una escritora feminista profesional —entiendo por tales a quienes han hallado una mina en la denuncia y el lamento continuos— le propuso a una editora participar en unas jornadas literarias y le pidió que elaborara un informe sobre la proporción de manuscritos de mujeres que llegaban espontáneamente a su editorial y cuántos de ellos eran aceptados y publicados, en comparación con los de los varones. La editora se tomó la molestia de hacer una reconstrucción histórica (hasta donde le fue posible) y le anunció el resultado a la escritora: acababan viendo la luz, proporcionalmente, más textos femeninos que masculinos. Su sorpresa fue grande cuando la feminista profesional, en vez de alegrarse del dato y suspirar aliviada al comprobar que no en todas partes se ninguneaba a las de su sexo, reaccionó con desagrado y le vino a decir: “Ah no, esto no puede ser, esto no me vale”. La editora comprendió que no se había tratado de saber la verdad, sino más bien de encontrar un motivo más para cargarse de razón, algo con lo que fortalecer sus tesis sobre la discriminación sistemática de la mujer, algo que contribuyera a enardecer su queja habitual, que le permitiera afianzarse y exclamar una vez más: “¿Lo veis, lo veis?” No recuerdo si al final la editora dio su ponencia o se cayó del cartel, al contradecir sus conclusiones la inamovible teoría.

domingo, 25 de marzo de 2018

Buen camino para el asesinato ... por Javier Marías

El arte no es lo mismo que la vida real, en la que todos deberían tener la oportunidad de educarse y trabajar. El arte depende de cada individuo.

Los siete magníficos de 1960 no era un western muy bueno, pero sí simpático. Inferior a otros de su director, John Sturges, era una adaptación, trasladada a México, de Los siete samuráis de Kurosawa. Entre los siete, capitaneados por Yul Brynner vestido de negro, estaban algunos actores principales o secundarios que después alcanzaron la fama: Steve McQueen, James Coburn, Charles Bronson y Robert Vaughn (éste sobre todo en la serie El agente de CIPOL), todos más bien blancos. En 2016 se hizo un remake poco apetecible con Denzel Washington, pero una noche perezosa lo pillé en la tele y le eché un vistazo. En seguida me desinteresó, porque los siete de ahora eran totalmente inverosímiles, como un viejo mural de la ONU representando a las razas del globo. Aparte de Washington, negro, había un hispano o dos, un asiático, un indio o “nativo americano” y no recuerdo si alguien con turbante (puede que lo soñara luego). Esto, de manera artificial y forzada, sucede cada vez más en el cine y en las series estadounidenses, y va ocurriendo en las británicas. Si hay un equipo de policías, suelen componerlo un par de negros o negras (por lo general son los jefes), alguna asiática, un hawaiano, un inuit, varios hispanos. Si la banda es de criminales, la diversidad racial se relaja: pueden ser todos blancos, y además fumadores, puesto que son “los malos”.

domingo, 11 de marzo de 2018

También uno se harta ... por Javier Marías

Hoy le llaman a uno “machista” muchas mujeres que justamente lo son, al despreciar y denigrar a las de su sexo que no obedecen sus preceptos.

UNA JOVEN columnista publica una apasionante pieza enumerando cosas que le gustan y que no, y la primera que no, la que tiene prisa por soltar, es: “Despertar los domingos y que Javier Marías ya sea TT” (supongo que significa trending topic, no sé bien). Coincido plenamente con ella, a mí tampoco me gusta, y al parecer sucede a veces. Yo no escribo para “provocar”, sino para intentar pensar lo no tan pensado. Pero el pensamiento individual está hoy mal visto, se exigen ortodoxia y unanimidad. Hace unas semanas saqué aquí un artículo serio, razonado y sin exabruptos (eso creo, “Ojo con la barra libre”), más sobre la prescindencia de los juicios y su sustitución por las jaurías que otra cosa. Uno acepta todos los ataques y críticas, son gajes del oficio. Lo que resulta desalentador es la falta de comprensión lectora y la tergiversación deliberada. (También uno se harta, y eso sí puede llevarlo a callarse y darle una alegría a la columnista joven.) Al instante, un diario digital cuelga un titular falaz, sin añadir enlace al artículo. Muchos se quedan con eso y se inflaman. No leen, o no entienden lo que leen, o deciden no entenderlo. Uno se pregunta de qué sirve explicar, argumentar, matizar, reflexionar con el mayor esmero posible.

lunes, 5 de marzo de 2018

¿Bendita sea la incoherencia? ... por Javier Marías

La innovación léxica de Irene Montero con sus “portavozas” demuestra que tanto ella como sus correligionarios hablan y se comportan como si estuvieran en el instituto.
Hace cinco semanas hablé de la actual Invasión de los ladrones de cuerpos, uno de cuyos indicios me parecía la incomprensible manera de razonar de demasiada gente, de cualquier edad. Desde entonces me he encontrado con ejemplos conspicuos que me llevan a ver a más humanos “suplantados”. En un artículo de este diario contra la prostitución, la autora terminaba con el siguiente argumento: “Si una madre no tiene dinero y su situación es acuciante, ¿nos planteamos que pueda vender, muy consentidamente” (sic), “su riñón? Y entonces, ¿por qué sí puede vender su sexualidad (sic)? Los seres humanos no somos mercancías ni objetos de usar y tirar”. Que alguien diga semejante absurdo en una sobremesa no tiene mucho de particular. Pero que lo escriba y publique una juez y profesora de la Complutense, a la que se supone discernimiento para elegir los conceptos y las palabras, y cuidado extremo con las comparaciones… Una prostituta nunca vende su cuerpo ni su sexo, sino que los alquila. A diferencia de quien vende un riñón, que se queda para siempre sin él, ella conserva su cuerpo y su sexo, y por eso puede volverlos a alquilar. Otra cuestión sería por qué escandaliza tanto que eso se alquile (entendámonos, sólo cuando se haga voluntariamente, o por preferencia sobre otros trabajos), si todos alquilamos algo sin parar: el estibador sus espaldas, el minero sus manos y su salud, yo mismo los dedos con que tecleo y mi cabeza, por supuesto su tiempo cada trabajador por cuenta ajena. Sin duda pueden encontrarse argumentos contra la prostitución, pero el del riñón es puro disparate demagógico y tergiversador.

lunes, 26 de febrero de 2018

Una dictadura, necios ... por Javier Marías

Hay generaciones que no saben lo arriesgado que era levantar no ya un dedo, sino la voz, en España entre 1939 y 1975.
Contaba Juan Cruz en un artículo que, en un intercambio tuitero con desconocidos (a qué prácticas arriesgadas se presta), alguien lo había conminado a callarse con esta admonición, o semejante: “Estás desautorizado, perteneces a una generación que permitió a Franco morir en la cama”. Que algún imbécil intervenga en estas discusiones ha de ser por fuerza la norma, pero Cruz añadía que se trataba de un argumento “frecuente” o con el que se había topado numerosas veces, y esto ya trasciende la anécdota, porque supone una criminal ignorancia de lo que es una dictadura. En parte puede entenderse: cuando yo era niño y joven, y oía relatar a mis padres las atrocidades de la Guerra, me sonaban, si no a ciencia-ficción, sí a lección de Historia, a cosa del pasado, a algo que ya no ocurría, por mucho que aún viviéramos bajo el látigo de quien había ganado esa Guerra y había cometido gran parte de las atrocidades. Pero sí lograba imaginarme la vida en aquellos tiempos, y los peligros que se corrían (por cualquier tontería, como ser lector de tal periódico o porque un vecino le tuviera a uno ojeriza y lo denunciara), y el pavor provocado por los bombardeos sobre Madrid, y el miedo a ser detenido y ejecutado arbitrariamente por llevar corbata o por ser maestro de escuela, según la zona en que uno estuviese. Me hacía, en suma, una idea cabal de lo que no era posible en ese periodo.

lunes, 19 de febrero de 2018

Contra el arte ... por Javier Marías

Ya hay quienes “dictan” qué clase de historias y de personajes se deben crear. Esas iniciativas “aleccionadoras” son idénticas a las de los censores franquistas.

i ven hoy los episodios de la pionera serie de televisión Alfred Hitchcock Presents, de los años cincuenta (y se lo recomiendo: los hay en DVD y cuanto está avalado por Hitchcock merece la pena), comprobarán que en aquellas historietas en las que el mal triunfaba o un asesino engañaba a la policía, el irónico presentador salía a la conclusión del capítulo para advertir en tono burlesco: “No crean que Fulano o Mengana se salieron con la suya: cometieron tal o cual error y fueron descubiertos”. Este colofón, tan humorístico que nadie le daba crédito, venía impuesto por la cadena, los patrocinadores, tal vez el productor y sin duda las estrictas reglas del Código Hays, que controlaron los contenidos del cine americano desde los años treinta hasta 1966. Este Código, establecido por uno de los mayores reaccionarios y puritanos de la historia de su país, Will Hays, fue el responsable de que los matrimonios de las películas durmieran en camas separadas, así que imagínense el resto de sus prescripciones.

domingo, 24 de diciembre de 2017

Paradoja ... por Javier Marías

Un gran porcentaje de libros y artículos actuales escritos por mujeres tratan sólo sobre su sexo, y casi siempre en tono plañidero o furibundo u ofendido.
LAS MUJERES, a mi juicio, están siendo víctimas de una paradoja creada por un elevado número de ellas. Durante bastantes años, su justa pretensión fue que no se tuviera en cuenta el sexo de quienes trabajaban, o escribían, o eran artistas, o políticas, lo que se quisiera. Que el hecho de que una mujer ganara un premio, o fuera elegida académica o Presidenta del Gobierno, no supusiera en sí una “noticia”. Que los libros escritos, las películas dirigidas, los cuadros pintados, las investigaciones científicas realizadas, los cargos ocupados por mujeres, no resultaran objeto de comentario (ni de loa ni de escarnio) por esa accidental circunstancia. Que se juzgaran con normalidad, exactamente igual que las obras y logros de los varones. Que no hubiera, en suma, distinción por sexo ni paternalismo, y que se valorara todo por un mismo rasero. Se caminó en esa dirección, no sin dificultades. Todavía clama al cielo que en casi todos los países y ámbitos los hombres perciban mejores sueldos por tareas idénticas. Las mujeres aún tienen, como han tenido históricamente, derecho a quejarse y a reclamar para sí condiciones laborales equitativas. Pero sí, poco a poco sus quehaceres se empezaron a juzgar exclusivamente por su calidad y su mérito. Lo que interesaba interesaba, y tanto daba que estuviera llevado a cabo por un varón o una mujer. Ese, recuerdo, era el objetivo de Rosa Chacel, por ejemplo, a la que traté bastante. No sentía ningún complejo ni se reivindicaba nunca en tanto queescritora (femenina). Se veía a sí misma como a cualquier otro autor, capaz de medirse con los más grandes. Y no le gustó que, cuando fue candidata a la Academia, tuviera que disputarse el sillón con otra mujer, precisamente. (Dicho sea de paso, salió elegida esa otra, que en mi opinión no le llegaba ni a la suela del zapato).

lunes, 18 de diciembre de 2017

¿Nunca culpables? ... por Javier Marias

El independentismo es tan legítimo como cualquier otra opción. El problema es cómo se lleva a cabo la secesión y en manos de quiénes se pone el Estado.
LOS PUEBLOS o los ciudadanos nunca son culpables de nada, suele decirse. (También hay quienes aseguran que jamás se equivocan, pese a que el mundo y la historia estén llenos de gravísimos casos de meteduras de pata, el más reciente la elección de un patán racista para la Casa Blanca.) Pero ya lo creo que lo son, culpables. Otra cosa es que su culpabilidad carezca de consecuencias, o sólo les acarree el castigo de padecer durante cuatro años a los criminales o imbéciles —bueno, lo uno no excluye lo otro— a los que han votado. Claro que a veces, como en los actuales casos de Venezuela o Rusia, esos cuatro años se convierten en veinte y los que te rondaré: algunos políticos, una vez instalados y con mayoría parlamentaria, la aprovechan para suprimir o adulterar las elecciones o “abrir un proceso constituyente”, esto es, instaurar una nueva “legalidad” que los perpetúe en el poder y los beneficie. Pero en fin, a la primera, los pueblos pueden escaquearse de su responsabilidad arguyendo que fueron engañados por sus elegidos.

domingo, 22 de octubre de 2017

LAS PALABRAS OFENDIDAS ... por Javier Marías

Hablar de los “métodos de tortura” de la policía el 1 de octubre en Barcelona es un agravio a cuantos sufren y han sufrido torturas verdaderas en el universo.

EN ETAPAS TURBULENTAS, cuando los acontecimientos cambian en cuestión de horas, es aún mayor fastidio escribir sabiendo que lo escrito llegará a los lectores dos semanas más tarde. Pero en el asunto catalán hay algo que no se habrá alterado ni se alterará jamás, y es el desaforado y ofensivo vaciamiento, o abaratamiento, de las palabras. Los políticos independentistas catalanes, y no sólo ellos (también los dirigentes de Omnium y la ANC, antes Casals y Forcadell, ahora Cuixart y Sànchez, a los que nadie ha elegido y que sin embargo se han proclamado representantes máximos de su país), llevan muchos años ofendiendo a mansalva. Pero no me voy a referir a los incontables agravios a los demás españoles, con predilección por extremeños, andaluces e inicuos madrileños. Dejemos eso de lado, no demos importancia a lo que carece de ella.

domingo, 1 de octubre de 2017

Si cuentan los que no cuentan ... por Javier Marías

Votar en el engañoso referéndum planteado por la Generalitat es participar en un golpe de hechos consumados y en un nueva sociedad autoritaria.
CUANDO ESCRIBO esto (dos semanas antes de que pueda leerse), no se sabe qué pasará el 1 de octubre en Cataluña, y menos aún en los días siguientes. Es dudoso que nadie tenga previsto nada, porque demasiada gente lleva años instalada no sólo en la negación de la realidad, sino en la del futuro como si el tiempo fuera a detenerse en el “momento culminante, inaugural y apoteósico”. Y el tiempo jamás se detiene. Abducidos por la CUP, a Puigdemont y a Junqueras ya no les importa que, declarada la independencia de Cataluña (tal como hoy está planteada), su país se quedara aislado, súbitamente empobrecido, casi apestado. Que saliera de la Unión Europea y careciera de reconocimiento internacional (con alguna exótica excepción perteneciente a la categoría de “amores que matan”), que su economía cayera por debajo del bono basura en que ya se encuentra, que se largaran numerosas empresas. Que se ganara la animadversión de Francia, la cual lo vería como una amenaza territorial, ya que esa Cataluña “independiente” es o sería expansionista e imperialista y querría apropiarse del Rosellón al cabo del tiempo, Valencia y Baleares aparte. Y la de Italia, que vería un peligroso precedente para las aspiraciones de la Lega Nord, ese partido fascista tan semejante al llamado “bloque soberanista”, y que pretende separar la Lombardía, el Piamonte y el Véneto (las zonas más ricas) del resto de la nación. Y la de Alemania, Holanda, Bélgica, probablemente la del Reino Unido y sin duda la de los Estados Unidos, que se mostrarían contundentes si, por ejemplo, Texas o California decidieran desgajarse.

domingo, 16 de julio de 2017

Sospechosas Unanimidades ... por Javier Marías

En España siempre comete sacrilegio quien disiente de la Guardia de las Esencias y los Lugares Comunes de cada época; quien lleva la contraria.

NO, CASI NADA es nuevo. Hace treinta años, en noviembre de 1987, publiqué en Diario 16 un artículo (“Monoteísmo literario”, recogido en mi libro Literatura y fantasma) en el que me atrevía a cuestionar que Cela fuera el mejor escritor español vivo y el único merecedor del Nobel. Era una pieza educada, y lo más “ofensivo” que decía en ella era que hacía décadas que Cela no entregaba una “obra maestra”, por mucho que cada novela suya fuera saludada por la prensa y la crítica, obligadamente, como tal. Por entonces nadie osaba ponerle el menor pero a Cela, y aunque no existían las redes, un buen puñado de escritores y estudiosos afines (espontáneamente o instigados por él) me dedicaron respuestas airadas en la prensa, cuando no insultantes. (Ahora algunos me tienen por un cascarrabias, pero me temo que siempre fui un impertinente y un aguafiestas.) Ese artículo me ganó enemistades que aún perduran, vetos en suplementos y en programas de TVE, antipatías inamovibles. Pero bueno. De haber existido en 1987 la Guardia Revolucionaria de las Buenas Costumbres y los Dogmas Correctos que hoy patrulla las redes incansablemente, no sé qué habría sido de mí.

lunes, 6 de marzo de 2017

De quién fiarse ... por Javier Marias

Algo extraño ha ocurrido en los últimos tiempos: la sociedad literaria se ha convertido en un ‘kindergarten’. Ya casi nadie juzgamos a nadie.
CON MOTIVO de la preciosa edición conmemorativa que Alfaguara ha tenido la gentileza de hacer deCorazón tan blanco, quizá mi novela más conocida, al cumplir ésta veinticinco años, me ha sido inevitable recordar un poco aquellos tiempos. Ignacio Echevarría habla con frecuencia de los peligros de la relectura: libros que uno leyó con entusiasmo a los veinte o treinta años, lo defraudan o se le caen de las manos a los cincuenta o sesenta, y lo cierto es que no hay manera de saber de quién es la culpa: si del lector antiguo e ingenuo, si del lector actual y resabiado, si del libro mismo que era excelente cuando apareció y una birria cuando mal ha envejecido.

martes, 28 de febrero de 2017

¿A quien podemos cargarnos hoy? ... por Javier Marías.

Hay masas de gentes cuyo único aliciente en la vida es enfurecerse y criticarlo todo, sea lo que sea.
LA NOTICIA en verdad nimia me llamó la atención, en la sección de Estilo. Por representativa, por significativa, por sintomática, por enfermiza, por demente. Era nimia, pero este diario le dedicaba casi media página, con foto incluida. Pero a eso iré luego. “Vogue USA cumple 125 años en medio de la polémica”, rezaba el titular, y el subtitular: “Avalancha de críticas a la portada del aniversario”, que era lo que la imagen reproducía. En ella se ve a siete jóvenes modelos formando grupo, enlazándose unas a otras por la cintura. Van vestidas con recato: jersey negro de cuello alto y pantaloncitos de estampados semejantes (culottes es el término). Los pies descalzos en la arena y todas con el pelo recogido. Como no podía ser menos, son de razas diversas, o con mezcla.

domingo, 19 de febrero de 2017

Hugo Trump o Donald Chaves ... por Javier Marías

Ha llegado ya, muy pronto, el momento de hacer algo. Los Gobiernos están semiatados, las sociedades no tanto.
CUANDO ESCRIBO esto, Trump lleva dos semanas como Presidente. Cuando ustedes lo lean, llevará cuatro, así que los estropicios se habrán duplicado como mínimo. A mí no me da la impresión de que ese individuo con un dedo de frente quiera cumplir a toda velocidad sus promesas electorales, o hacer como que las cumple, o demostrar que lo intenta (hoy, un sensato juez de Seattle le ha paralizado momentáneamente su veto a la entrada de ciudadanos de siete países musulmanes). La sensación que me invade es de aún mayor peligro, a saber: se trata de un sujeto muy enfermo que debería ser curado de sus adicciones, la mayor de las cuales es sin duda su necesidad de hiperactividad pública, de tener las miradas puestas en él permanentemente, de no dejar pasar una hora sin proporcionar sobresaltos y titulares, provocar acogotamientos y enfados, crisis diplomáticas y tambaleos del mundo.

domingo, 22 de enero de 2017

Ese Idiota de Shakespeare ... por Javier Marías.

Si uno va hoy al teatro se expone a cualquier sandez de directores que adaptan grandes clásicos a las tontunas contemporáneas.

hace años que no voy al teatro, es porque no deseo exponerme a sobresaltos. No me refiero ya a esas obras “modernas” en las que se obliga a “participar” al público lanzándole agua o pintura o bengalas, o a “interactuar” con los intérpretes que bajan al patio de butacas para restregarse contra él y vejarlo. Eso me lo tengo prohibido desde que empezó a suceder hace tiempo. Pero tampoco está uno a salvo de riesgos de otra índole si va a la representación de un clásico. El teatro –más que el cine y las series– ha caído rendido a casi todas las tontunas contemporáneas. Se permite lo “simbólico” y lo inverosímil en mucho mayor grado, y ahí caben todas las supuestas genialidades de muchos adaptadores y directores, convertidos en las verdaderas estrellas, usurpadores de los buenos nombres de Lope, Calderón, Molière o Shakespeare. Con este último está uno en constante peligro. Es ya un tópico que sus personajes aparezcan vestidos de nazis o de decimonónicos, o transmutados en gangsters, o que la acción de las obras se sitúe en cualquier sitio: Romeo y Julieta en la discoteca, Macbeth en Chicago, Próspero y Miranda abandonados en el espacio intergaláctico. En 2012 Phyllida Lloyd tuvo al parecer éxito con su versión de Julio César ambientada en una cárcel de mujeres y con reparto femenino al completo, consiguientemente. La verdad, para mí no, gracias.

domingo, 15 de enero de 2017

El Servicio y la Señorita ... por Javier Marías.

Ada Colau y el Parlament catalán han vetado los ‘stands’ de militares y guardias civiles en un acto infantil. Un gesto ruin y clasista hacia los que nos protegen.
MI GENERACIÓN, nacida durante el franquismo, sintió gran aversión hacia el Ejército y la Policía. Ambos cuerpos eran esbirros de la dictadura, y había que tenerles miedo. Todavía en 1981, el intento de golpe de Tejero, Armada y Milans del Bosch lo protagonizaron ellos, Ejército y Guardia Civil. Costó, por tanto, mucho tiempo que esos cuerpos se democratizaran plenamente y aceptaran estar a las órdenes de los Gobiernos elegidos y de la sociedad civil. Desde que se consiguió, sin embargo, y con las inevitables excepciones de abuso, brutalidad, desproporción y corrupción, las fuerzas de seguridad han tenido una actitud irreprochable en términos generales.

domingo, 8 de enero de 2017

Las Tias Solteras ... por Julian Marías

Yo vengo disfrutando a esas mujeres solteras o sin hijos desde mi infancia, y creo que son esenciales: risueñas, más despreocupadas y desinteresadas.
ANDO YO era niño, había cierta conmiseración hacia las mujeres sin hijos. A las que estaban casadas y carecían de ellos se las miraba con abierta lástima, y aún se oían frases como “Dios no ha querido bendecirlas con esa alegría”, o “Pobrecilla, mira que lo ha intentado y no hay manera”. En numerosos ambientes y capas de la sociedad se creía a pie juntillas en la absurda doctrina de la Iglesia Católica imperante en España, a saber: que la función del matrimonio era la procreación; que debían recibirse con gozo o estoicismo (según el caso) cuantas criaturas llegaran; que la misión de las madres era dedicarse en exclusiva a su cuidado; que era no sólo normal, sino recomendable, que cualquier mujer, una vez con descendencia, dejara de lado su carrera y su trabajo, si los tenía, y se entregara a la crianza en cuerpo y alma. Qué mayor servicio a la sociedad.