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| Foto: A. Cabrera. |
James Rhodes es una estrella del rock. O al menos tiene todo las atribuciones necesarias para serlo, con la salvedad de que él no toca la guitarra, sino que es un virtuoso del piano que ha elevado a Bach o a Chopin –como nadie en los últimos años– a la categoría que se merecen. Sus problemas con el alcohol y las drogas; los amoríos lanzados a la palestra pública; e incluso un terrible episodio en el que fue víctima de abusos sexuales, son elementos que no hacen sino confirmar la rara avis que es en un mundo más encorsetado que el de esos artistas que son capaces de llenar un estadio de fútbol.
A todo ello hay que sumar ‘Instrumental’, una suerte de autobiografía que ha llegado a ser un ‘súperventas’ a nivel mundial; un texto en el que relata todo lo mencionado en el párrafo anterior con lujo de detalles a través de piezas clásicas que le han marcado. Ya fue la estrella de la pasada ‘Noche de los libros’ de la Térmica, y anoche llegaba para cerrar un exitoso Terral en el Teatro Cervantes con prácticamente todas las localidades vendidas.
A todo ello hay que sumar ‘Instrumental’, una suerte de autobiografía que ha llegado a ser un ‘súperventas’ a nivel mundial; un texto en el que relata todo lo mencionado en el párrafo anterior con lujo de detalles a través de piezas clásicas que le han marcado. Ya fue la estrella de la pasada ‘Noche de los libros’ de la Térmica, y anoche llegaba para cerrar un exitoso Terral en el Teatro Cervantes con prácticamente todas las localidades vendidas.






