De las nueve películas que optaban al Oscar, cinco tienen a una mujer como protagonista; incluida la ganadora, La Forma del Agua, el espaldarazo fantástico a un grupo de perdedores, que no derrotados, por el que también se ha llevado el director Guillermo del Toro.
De las cuatro películas restantes, una de ellas es tan bélica e histórica, Dunkerque –esa inmersión en fuel mar y sangre a la que somete al espectador Cristopher Nolan–, que no tenía mucha opción a tener a una mujer como eje y motor del argumento. Otra, Call me be your name, una delicada historia de amor entre dos hombres a la helénica manera, no podía cambiar el género de sus dos protagonistas. El instante más oscuro, la película que le ha servido al actor Gary Oldman para llevarse el Oscar –una historia que sirve al espectador para comprender el momento de la Segunda Guerra Mundial que cuenta Dunkerque–, sólo podía tener a Winston Churchill como protagonista, no a Winstona. De la misma manera que La dama de hierro, la película de 2012 que recordaba a Margaret Thatcher (dirigida por una mujer, Phyllida Lloyd), no podía tener a un Margarito de prota. A propósito, esa película la protagonizaba una soberbia Meryl Streep, quien también protagoniza la nominada Los Archivos del Pentágono, de Steven Spielberg, en uno de los personajes de mayor pegada feminista sin pancartas que conozco. Potente fue el ejemplo real de la editora del Washington Post, Katharine Graham, en una sociedad con un machismo aún más acendrado que el actual cuando ocurrieron los hechos que narra la película, en 1971.