El optimismo es un lujo que no nos podemos permitir.
Nos preguntamos si nuestro Gobierno está gestionando bien o mal esta crisis, aunque se trata de una pregunta estéril, ya que la respuesta no consigue responder nada: está gestionándola como puede, improvisando medidas que simulan un control sobre lo incontrolable, en parte porque ningún Gobierno del mundo está preparado para gestionar un dislocamiento total y repentino de las estructuras de nuestra realidad. Como mucho, puede gestionar la incertidumbre.
Todos, incluidos los científicos, que aún andan entre el sí y el no al uso generalizado de mascarillas, nos movemos entre hipótesis, conjeturas y palos de ciego. También entre paradojas: por ejemplo, que el hecho de que en España mueran casi mil personas al día a causa del coronavirus sea una noticia esperanzadora con respecto a la famosa curva, que, a pesar de ser ascendente, resulta ser estable, según los analistas de esa curva misteriosa.
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martes, 7 de abril de 2020
sábado, 9 de junio de 2018
Màxim Huerta, el desafío... por Felipe Benitez Reyes
Cuando Pedro Sánchez, el hombre al que Susana Díaz convirtió en Espartaco, anunció el nombre del ministro de Cultura el miércoles, di un bote de alegría. Conozco a Màxim Huerta. No somos amigos, porque no se ha dado el caso. Podríamos serlo, porque compartimos muchas cosas. Formación, intereses, profesiones. Ambos hemos escrito seis novelas, ganado premios. Me reconozco en él, aunque él sea alto, guapo y elegante, y yo el señor bajito de la foto. Pero, en lo importante, tenemos mucho en común.
«Por fin alguien que sabe lo que hace», pensé. Nuestro anterior ministro, Méndez Vigo, era un gestor pasable y le quedaba el esmoquin de coña. Era un gran avance sobre Wert, y no digamos ya sobre Esperanza Aguirre, a quien Dios confunda. Pero, qué quieren que les diga, ver de ministro de Cultura a un novelista -en lugar de al barón de Claret o la marquesa consorte de Bornos- me parece bien. Los hay que han sudado para escapar del barro de la Gurtel y los hay que han sudado sobre un manuscrito para encontrar la palabra precisa.
«Por fin alguien que sabe lo que hace», pensé. Nuestro anterior ministro, Méndez Vigo, era un gestor pasable y le quedaba el esmoquin de coña. Era un gran avance sobre Wert, y no digamos ya sobre Esperanza Aguirre, a quien Dios confunda. Pero, qué quieren que les diga, ver de ministro de Cultura a un novelista -en lugar de al barón de Claret o la marquesa consorte de Bornos- me parece bien. Los hay que han sudado para escapar del barro de la Gurtel y los hay que han sudado sobre un manuscrito para encontrar la palabra precisa.
sábado, 19 de mayo de 2018
La denigración... por Felipe Benitez Reyes
Vivimos en una sucesión de tendencias: las tendencias son tendencia. Tendencias fugaces, ya que la estabilidad de una tendencia entra en contradicción con el concepto de «tendencia». Tendencias de quita y pon, porque a toda tendencia le conviene ser portátil y etérea y fluir de su nada de origen a su nada de destino. Tendencias que dejan de ser tendencia, en fin, en cuanto aparece otra tendencia. Esa es la tendencia.
Una de esas tendencias consiste en denostar a España no ya como unidad de destino en lo universal, sino incluso como diversidad de destino en su amalgama autonómica. Es algo que tiene un lado consolador: si alguien proclama que este es un país de mierda, pongamos por caso, podemos pensar en un principio, irreflexivamente, que está denigrando a todos sus habitantes, incluido el que denigra, pero luego cae uno en la cuenta de que en realidad no está denigrando a nadie en concreto, sino a un ente inconcreto: insultar de forma genérica a todo un país como tal país es como insultar a la ensalada de aguacate o al imperativo categórico kantiano.
Una de esas tendencias consiste en denostar a España no ya como unidad de destino en lo universal, sino incluso como diversidad de destino en su amalgama autonómica. Es algo que tiene un lado consolador: si alguien proclama que este es un país de mierda, pongamos por caso, podemos pensar en un principio, irreflexivamente, que está denigrando a todos sus habitantes, incluido el que denigra, pero luego cae uno en la cuenta de que en realidad no está denigrando a nadie en concreto, sino a un ente inconcreto: insultar de forma genérica a todo un país como tal país es como insultar a la ensalada de aguacate o al imperativo categórico kantiano.
sábado, 24 de marzo de 2018
Un experimento... por Felipe Benitez Reyes
El conflicto catalán ha tenido la virtud de ofrecernos un espectáculo basado en el contraste, con sus aspectos dramáticos y sus consecuencias cómicas, con sus sinsentidos de forma en nombre del sentido de fondo, con sus continuas reducciones al absurdo en beneficio de una lógica emocional que tiene más de emocional que de lógica, la sacralización de la ley de Ohm frente a los porcentajes reales de voto. Etcétera.
Sin menospreciar a ninguno de los muchos actores de la tragicomedia, todos esos componentes contradictorios entre sí se han quintaesenciado en la figura de Puigdemont, cuya deriva espontáneamente cómica nunca podrá igualar tal vez ni siquiera su mayor antagonista cómico, el cómico profesional Boadella. Incluso la situación de Puigdemont consiente la dualidad: unos lo ven como un exiliado, en tanto que otros lo consideran un fugado. La apreciación heroica, en fin, frente a la consideración jurídica. Sea como sea, nadie podrá quitarle el mérito de ser un pionero: un político elegido democráticamente que, por su exceso de espíritu democrático, se ve obligado a salir por pies de un país democrático en el que algunos ensueños se consideran antidemocráticos.
Sin menospreciar a ninguno de los muchos actores de la tragicomedia, todos esos componentes contradictorios entre sí se han quintaesenciado en la figura de Puigdemont, cuya deriva espontáneamente cómica nunca podrá igualar tal vez ni siquiera su mayor antagonista cómico, el cómico profesional Boadella. Incluso la situación de Puigdemont consiente la dualidad: unos lo ven como un exiliado, en tanto que otros lo consideran un fugado. La apreciación heroica, en fin, frente a la consideración jurídica. Sea como sea, nadie podrá quitarle el mérito de ser un pionero: un político elegido democráticamente que, por su exceso de espíritu democrático, se ve obligado a salir por pies de un país democrático en el que algunos ensueños se consideran antidemocráticos.
sábado, 10 de marzo de 2018
Obsolescencias ... por Felipe Benitez Reyes
El de «obsolescencia programada» es un concepto que nos educa el sentido de la fatalidad, al proporcionarnos la certeza de que nuestros electrodomésticos, por muy flamantes que luzcan, morirán de improviso el día menos pensado. Solemos atribuir a intenciones malignas de los fabricantes el que programen la defunción súbita de tales utensilios, aunque se defienden con el argumento de que la obsolescencia, toda vez que obliga al consumo periódico, propicia los avances tecnológicos en sus productos. A uno, la verdad, le daría lo mismo pasarse toda la vida con las mismas bombillas o con la misma impresora, pero se ve que eso actúa en contra del progreso, que al parecer exige mártires: la mártir exprimidora, la mártir aspiradora o el calefactor mártir, que tienen que dar su vida a cambio de que en el futuro exista una exprimidora más sofisticada que ella, una aspiradora más aspirante que ella o un calefactor más ecológico que sus antepasados.
sábado, 24 de febrero de 2018
Expresiones ... por Felipe Benitez Reyes
El concepto de «libertad de expresión» está sujeto a la libertad de expresiones de todo tipo, en ocasiones hasta el extremo paradójico de que alguien disponga de libertad de expresión para quejarse de la falta de libertad de expresión, lo que no deja de ser una buena noticia dentro de una mala noticia. En estos días, se han confabulado tres anécdotas que algunos han interpretado como síntomas de un proceso involutivo encaminado a la reinstauración de la censura: el secuestro cautelar de un libro, la retirada de unas fotografías en una feria de arte y la orden de prisión para un rapero. Veamos...
Si en un libro ensayístico se ofrecen unos datos y alguien se considera perjudicado por la difusión de esos datos, al considerarlos inveraces o inverificables, está en su derecho de exigir responsabilidades judiciales, lo que, lejos de ser una traba para la libertad de expresión, representa una garantía para la seriedad de la información. En este caso, para que la retirada del libro del mercado sea efectiva, el denunciante -que tan mala espina da- está obligado a depositar una fianza de 10.000 euros para hacer frente al posible perjuicio que pueda ocasionar al denunciado. ¿Medidas propias de un Estado de derecho o censura turca?
Si en un libro ensayístico se ofrecen unos datos y alguien se considera perjudicado por la difusión de esos datos, al considerarlos inveraces o inverificables, está en su derecho de exigir responsabilidades judiciales, lo que, lejos de ser una traba para la libertad de expresión, representa una garantía para la seriedad de la información. En este caso, para que la retirada del libro del mercado sea efectiva, el denunciante -que tan mala espina da- está obligado a depositar una fianza de 10.000 euros para hacer frente al posible perjuicio que pueda ocasionar al denunciado. ¿Medidas propias de un Estado de derecho o censura turca?
sábado, 30 de diciembre de 2017
Tiempo en fuga ... por Felipe Benitez Reyes
Nos dicen, nos decimos: «Hay que vivir el instante». Los poetas de la antigüedad ya andaban a vueltas con esa copla. Una premisa que se fundamenta en el prestigio de lo inmediato, en el beneficio potencial de lo presente. Y, sí, qué duda cabe, uno está de acuerdo en vivir el instante y lo que haga falta, pero vivir el instante implica vivir en la confusión, ya que el tiempo no es de verdad tiempo hasta que pasa: cuando asciende -o se degrada, según se mire- a memoria. Nuestra percepción del tiempo es en esencia retrospectiva. Construimos el tiempo. Inventamos el pasado y el futuro desde el presente, pues para eso es casi lo único para lo que sirve el presente, que al fin y al cabo no pasa de ser un espacio de transición: historiamos desde él nuestro pasado y abocetamos en él nuestro futuro.
domingo, 8 de octubre de 2017
La Encrucijada ... por Felipe Benitez Reyes
El trance catalán puede verse desde un ángulo pesimista (cuando un problema no tiene solución, la solución es el mantenimiento del problema) o bien optimista (cuando un problema se presenta como irresoluble, es señal de que la solución está en marcha). Lo prudente sería situarse en una posición intermedia; es decir, en la perplejidad. En las bulliciosas redes sociales se comprueba que la polarización de los razonamientos populares los hace irreconciliables no sólo entre sí, sino con frecuencia irreconciliables consigo mismos como tales razonamientos: andanadas en las que se destierra el pensamiento en beneficio de la visceralidad no ya sólo acrítica, sino incluso irracional, tanto por una parte como por la otra, hasta el punto de que todo cuanto digas -e incluso lo que no- será utilizado en tu contra, pues cualquier discusión no es ya que se convierta en un monólogo, sino que tiene voluntad innegociable de monólogo: cuando se está convencido de tener la razón, no se discute, sino que se exhibe lo indiscutible.
domingo, 10 de septiembre de 2017
El diálogo ... por Felipe Benitez Reyes
Mientras EEUU y Corea del Norte juegan a las guerras mundiales, el gobierno central y el catalán siguen jugando al guerracivilismo retórico. Les confieso que con el PP no estoy de acuerdo ni en su segunda sigla, pero en este caso les confieso también que no acierto a imaginar cómo se manejaría en esta coyuntura otro partido, a pesar de que si el presidente del gobierno fuese Pedro Sánchez no resultaría descartable, dada su volatilidad intelectual, que negociase con el gobierno catalán con la oferta de cederle no ya el dominio del archipiélago balear, sino incluso el del canario. Se le achaca al gobierno central el mirar para otro lado ante el conflicto independentista, pero nadie especifica hacia qué lado debe mirar, y, sobre todo, qué medidas tiene en su mano que no sean las estrictamente legales.
sábado, 22 de julio de 2017
La sabiduría... por Felipe Benitez Reyes
Si alguien piensa que el género humano va de cabeza a la irreflexión, a la estupidez y al matonismo generalizado, por citar sólo a tres de los innumerables jinetes del Apocalipsis de la postmodernidad (vulgo presente), le bastará con asomarse a las redes sociales para espantar sus temores, ya que en ellas se exhibe lo más esclarecido de la mente de nuestros contemporáneos.
Das una batida por Facebook o por Twitter y te enteras de cosas que ni durante cuatro o cinco vidas hubieras dilucidado por ti mismo, al darse el caso de que en esos foros se ha congregado la representación más selecta del conocimiento. Bien es verdad que, de tarde en tarde, alguien se limita a poner la fotografía de su gato o de su perro, o bien de la paella que hizo el domingo -sin tener en cuenta que una paella es tal vez lo menos fotogénico que existe en el mundo de las cosas inanimadas-, pero se trata de desahogos gráficos que alivian ocasionalmente la densidad de las reflexiones habituales, ya sea en torno a la política internacional, incluida la catalana; a los secretos de Estado más escalofriantes, a la vacunología, a la receta ortodoxa del gazpacho o a los beneficios y riesgos de la dieta de la alcachofa, pues no hay asunto que escape al análisis espontáneo de los observadores de nuestra realidad colectiva.
Das una batida por Facebook o por Twitter y te enteras de cosas que ni durante cuatro o cinco vidas hubieras dilucidado por ti mismo, al darse el caso de que en esos foros se ha congregado la representación más selecta del conocimiento. Bien es verdad que, de tarde en tarde, alguien se limita a poner la fotografía de su gato o de su perro, o bien de la paella que hizo el domingo -sin tener en cuenta que una paella es tal vez lo menos fotogénico que existe en el mundo de las cosas inanimadas-, pero se trata de desahogos gráficos que alivian ocasionalmente la densidad de las reflexiones habituales, ya sea en torno a la política internacional, incluida la catalana; a los secretos de Estado más escalofriantes, a la vacunología, a la receta ortodoxa del gazpacho o a los beneficios y riesgos de la dieta de la alcachofa, pues no hay asunto que escape al análisis espontáneo de los observadores de nuestra realidad colectiva.
domingo, 11 de junio de 2017
La Medalla ... por Felipe Benitez Reyes
El Ayuntamiento de Cádiz se ha visto envuelto en un debate de índole teológica, lo que sin duda excede las competencias de un consistorio, y de ahí que dicho debate les quede ancho a sus regidores, que tienen más competencia sobre los asuntos terrenales que sobre los ultraterrenos, de igual modo que es posible que les quede estrecho a los teólogos, que suelen moverse por ámbitos más celestiales y abstractos. El caso es que 6.000 vecinos reclamaron la concesión de la medalla de oro de la ciudad a la Virgen del Rosario y que el ayuntamiento optó por concedérsela, aunque el asunto hubiese admitido una solución genuinamente democrática, a saber: que el ayuntamiento, como medida neutralizadora y neutral, y como método para escurrir el bulto, hubiese promovido una recogida de firmas en contra de esa concesión y que, en vez de los munícipes, decidieran, en fin, los números, que, aparte de ser la base de toda acción democrática, han sido de siempre muy laicos, excepción hecha de la Santísima Trinidad.
sábado, 29 de octubre de 2016
La Bola de Cristal ... por Felipe Benitez Reyes
La semana pasada vi salir de una tienda a un famoso y esclarecido tertuliano televisivo con una bola de cristal en la mano, y me dije: «Ahí está la clave», de manera que me animé a entrar en aquel curioso establecimiento, en el que se exponían todo tipo de útiles para actividades esotéricas: saquitos de conjuros, ruedas de oración, quemadores de esencias, espejos negros, amuletos astrológicos, cartas del tarot marsellés y figuritas de deidades exóticas. En el aire flotaba el humo acogedor y sedante que desprendían unas varas de incienso.
Le dije al dependiente que estaba interesado en hacerme con una bola de cristal idéntica a la que acababa de llevarse el tertuliano, a quien todo el país reconoce una lucidez portentosa no ya para analizar nuestro presente político, que eso es al fin y al cabo una habilidad al alcance de cualquiera, sino para escrutar el futuro común, que es destreza propia de profetas y de magos. «También quiero pronosticar», le dije con tono entre socrático y aristotélico.
domingo, 18 de septiembre de 2016
Sentido y demagogia ... por Felipe Benitez Reyes
Hay días en que nos levantamos con talante demagógico (en el sentido coloquial que solemos dar a este adjetivo) y nos preguntamos si somos demagogos por naturaleza o si bien la naturaleza de las circunstancias nos ha convertido en demagogos. Demagogos por defecto, en fin, o demagogos a palos.
La respuesta no resulta sencilla, aunque tenemos la suerte de que siempre optamos por una respuesta demagógica: «La demagoga es la realidad, no yo». A falta de saber lo que la realidad piense o deje de pensar sobre nosotros, lo dejamos así: la demagoga es ella.
La respuesta no resulta sencilla, aunque tenemos la suerte de que siempre optamos por una respuesta demagógica: «La demagoga es la realidad, no yo». A falta de saber lo que la realidad piense o deje de pensar sobre nosotros, lo dejamos así: la demagoga es ella.
sábado, 14 de mayo de 2016
El Control ... por Felipe Benitez Reyes
Como concepto genérico, y a pesar de su polisemia, el poder no tiene nada de malo ni de peligroso, al menos en principio, como tampoco lo tiene el concepto de 'veneno' o el de 'alimaña', siempre y cuando no ingiramos lo uno ni nos topemos con la otra. Como concepto aplicado, la cosa cambia un poco: en cuanto alguien llega al poder, ya no sabe uno si se ha vuelto poderoso a secas o si se ha vuelto loco de remate, por esa cosa intrínseca de psicopatología napoleónica que promueve el mando sobre el prójimo, ya sea a escala de concejal o de ministro, por no hablar aquí del trastorno de egolatría visionaria que suele afectar a los expresidentes, asunto que requeriría un tratado específico.
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