El éxodo del pueblo de Israel, huyendo de la idolatría egipcia, es de muy difícil encaje histórico. Una cosa es lo que la Biblia cuenta y otros son los acontecimientos históricos ciertos, las fuentes directas e indirectas, y los materiales que la arqueología ha ofrecido sobre esta huida del pueblo hebreo, con Moisés a la cabeza, perseguido por el faraón, ¿quizá Ramsés II?; pero 'Éxodo' también fue el nombre de una película dirigida por Otto Preminger en 1960, protagonizada por Paul Newman y Eva Marie Saint, y un reparto dilatado y solvente, entre los que destacaban Ralph Richardson, Peter Lawford y el desgraciado Sal Mineo. Este filme, que ayer visioné de nuevo, es árido y exagera la odisea del barco del mismo nombre convirtiendo a sus pasajeros en los argonautas fundacionales del estado de Israel, creado en 1948 para dar fin al nomadismo judío, a su vagabundeo por las tierras del mundo. Es una gran película que muestra solo un lado del problema.
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jueves, 21 de junio de 2018
viernes, 15 de junio de 2018
Humor (negro) ... por Alfredo Tajan
«Desconfía de quienes nunca ríen, no son personas serias», escribió Julio César; «La seriedad es el pecado original del mundo», dijo un tal Óscar Wilde; Baudelaire afirmaba que «el hombre muerde con la risa»; «El forense es el voyeur del crimen, el juez el aguafiestas», sentenció Pérez Estrada; en el 'Diccionario del diablo' Ambroise Bierce definió el parricidio como «un golpe de gracia filial por el que uno se ve liberado de los irritantes tormentos de la paternidad»; ya les había hecho una modesta proposición Jonathan Swift a los irlandeses, agobiados de impuestos por la Pérfida Albión, les propuso: «Ofreced a vuestros hijos más tiernos en pago, y que los londinenses se los coman, así saciarán de una vez sus feroces apetitos».
jueves, 19 de abril de 2018
Añorando estrenos ... por Alfredo Tajan
El pasado lunes paseaba, solo, por mi ciudad -como decía la letra de aquella canción de la extraordinaria Betty Missiego- y después de visitar el mágico espacio cultural 'Isla Negra' me topé con una jubilosa aglomeración ciudadana en los aledaños del Teatro Cervantes, sede del Festival de Cine. La verdad es que me alegraron los aplausos al director Juan Antonio Bayona, que, a pesar de su apellido, en absoluto ha abdicado de su buen hacer, mezclando, sin complejos de ningún tipo, calidad con comercialidad. La celebración del cinematógrafo español -y creo que en futuras ediciones también latinoamericano- se halla esta semana en Málaga, ciudad bravía y con buenas librerías; no obstante, avanzaba yo como un zombi enfrascado en mis pensamientos y añorando estrenos, recordando a ese niño que en las oscuras salas se quedaba hechizado al ver a heroínas y héroes intocables, mudo ante la belleza remota e insólita que reproducía en la pantalla las más inverosímiles fábulas de la tribu. Hace escasos días Guillermo Busutil recordaba una película que a mí también me fascinó y de la que, sin embargo, únicamente capté su energía sonambúlica, un complejo biorritmo que te zarandeaba por el espacio sideral para, otra vez, volver al mono. Me pregunto si el hombre no desciende del mono sino que se dirige a él y me refiero, claro está, a 'Odisea espacial' del dúctil Stanley Kubrick, rodada hace ya ¡medio siglo!
jueves, 12 de abril de 2018
Entre el ruido y la furia ... por Alfredo Tajan
Entre el ruido y la furia. Se trata de un verso del soliloquio de 'Macbeth', acto 5.º, escena 5.ª, dice así: «La historia es la sombra de un pobre país/ Que ocupa su hora en el escenario/ Y luego se desvanece: es un cuento/ narrado por un idiota, repleto de ruido y furia/ Que no significa nada»; Shakespeare ahonda en la llaga de la crisis isabelina, es el final de un ciclo, la Reina Virgen permanecerá como un árbol seco. 'Entre el ruido y la furia' también se tituló la cuarta novela de Faulkner, 'The sound and the fury', cuya primera versión al español fue literal: 'El sonido y la furia'; debe añadirse una tercera variable, 'La música y el ruido', que es la más alejada de la idea central, tanto del dramaturgo inglés como del novelista americano. Ambos constatan, con cuatro siglos de diferencia, que la historia del mundo está contada por idiotas. Precisamente el ensayo de Tom Burns Marañón, 'Entre el ruido y la furia' (Galaxia Gutenberg), lleva un subtítulo en el que no caben interpretaciones: «El fracaso del bipartidismo en España», consumación del ciclo político español nacido tras la muerte de Franco y la subsiguiente instauración-restauración de una monarquía que recupera su vínculo sagrado con la Historia pero que no puede asumir más responsabilidades.
jueves, 5 de abril de 2018
La familia real ... por Alfredo Tajan
No se alarmen, no voy a analizar las desavenencias entre los miembros de la Familia Real española, ni voy a destripar la novela de William T. Vollmann, la novela del siglo la llaman en Estados Unidos, tras olvidar que la crítica, tanto académica como periodística, dijo lo mismo de 'Libertad' de Jonathan Frazen en 2010, o de cualquiera de las incursiones literario-anfetamínicas de Foster Wallace, justo antes de suicidarse en 2006; y dejemos de lado el altar en que se colocó la estirpe anterior de escritores norteamericanos del siglo pasado, padres fundacionales de la moderna narrativa: de Scott-Fitzgerald a John Dos Passos, de Faulkner a Capote, a los que deben sumarse los que se han quedado en el tintero; sin embargo, me gustaría abordar algunos de los temas esenciales, ese mundo 'maravilloso' de clase media con afán protagónico, del que extrae su jugo la voluminosa narración de Vollman -mil cien páginas en 'Pálido fuego'- en la que este autor californiano no describe peripecias si estas no van siempre acompañadas por crudas metáforas de compasión a lo Fiodor Dostoyevski. En 'La familia real' lo que se denuncia es la prostitución no sólo como norma de un sistema carente de servicios humanitarios y vampiro en impuestos morales, sino la prostitución en todas sus formas individuales: espirituales, carnales, éticas, políticas, ¿quién da más?; se trata del cuento de un hombre enfrentado a una sociedad que tergiversa sus funciones para imponer sus vacuos criterios de éxito social, valores fugaces basados en la información, jamás en la formación, y cuya audaz y ordinaria esfera de dominio se escuda en frívolas maniobras tecnológicas, universo de cartón piedra, espiritualmente nulo, egoísta, atroz, y para más inri, profundamente reaccionario, que otorga patente de corso, o de príncipe, a cualquier bastardo. Palidece el mandato de Huxley en 'El mundo feliz', incluso se queda anacrónica la fábula orwelliana de '1984'.
jueves, 29 de marzo de 2018
Al borde de un ataque de nervios ... por Alfredo Taján
Se han cumplido treinta años de la película que definió, quizá como ninguna otra, el cine de Pedro Almodóvar, moldeó su estilo y mejor representa. Se trata de 'Mujeres al borde de un ataque de nervios', estrenada en marzo de 1988, que logró mantenerse en cartel todo ese año y alcanzó cerca de cuatro millones de espectadores, sólo en España, porque también fue éxito en Francia, Italia, Estados Unidos, Argentina, Uruguay y Chile, acaparando premios, como el de la Mostra de Venecia y cinco Goyas hispanos. Parece mentira pero 'Mujeres...' renovó la comedia cinematográfica española, la dignificó después de tanta fantasmada con aroma patrio y ayudó a que la nueva España se pusiera de moda y escenificó la fábula en la pantalla de una clase media acomodada capitalina, que tanto le fascinaba en aquella época al director manchego, precisamente por eso, porque provenía de un humilde pueblo de La Mancha. Estas mujeres, que viven en pisos de la 'movida' con ingresos fijos, tienen problemas en los áticos de sus existencias materialistas, o mejor dicho, ocupadas por amoríos vacíos y frustrados, adulterios, traiciones y errores que sólo puede frenar la venganza, una venganza con letra de bolero de Olga Guillot, aunque la canción del filme, 'Soy infeliz', la interprete Lola Beltrán, una mexicana de rompe y rasga.
jueves, 22 de marzo de 2018
Desde Málaga con amor
Ayer miércoles, día en que se instauró, con sol benéfico, la primavera, paseábamos, tras suculento almuerzo, un novelista recuperado para su ciudad, mi querido Antonio Fontana, flamante Premio Málaga de Novela y el que suscribe; deambulábamos pausadamente el autor de 'Sol poniente' y yo, por calle Císter, haciendo invisibles arbolados con nuestra conversación sobre lo divino y lo humano, en realidad, más sobre lo segundo que sobre lo primero, cuando, observamos, de repente, emerger en tropel desde calle Cañón a un grupo de señores trajeados de azul, corbatas anudadas a la perfección, calzando zapatos italianos, de generosa estatura, cabellos de tan rubios níveos, ojos de cristal celeste gélido, ojos transparentes que, por cierto, solo pudimos atisbar fugazmente porque uno de ellos se quitó las gafas de sol para mirar al cielo, camisas 'inmaculada concepción' y relojes de pulsera XXL, que no sé si servían sólo para marcar las horas o también para enviar misiles tierra/aire a París, Londres o Nueva York. Comento esto último porque lo que más nos impactó a Fontana y a mí fue que se comunicaban, en voz baja, cosas al oído, y lo hacían en un idioma que nos era familiar pero del que no lográbamos entender ni una sola palabra, era como si los ecos de aquella cháchara secreta nos llegase de una ciudad lejana, por ejemplo, Moscú. De pronto caímos en la cuenta y nos miramos, claro, eran rusos, rusos de la nueva Rusia de Vladimir Putin.
jueves, 15 de marzo de 2018
Ahora la muerte ... por Alfredo Taján
Estos días en el que un ángel, pececillo indefenso, ha sido asesinado por su madrastra -es ya muy difícil que el sustantivo se libre de su connotación espeluznante- recuerdo los versos de un poema del escritor cubano Severo Sarduy que paso a reproducirles: «Ahora la muerte se lo ha ganado todo: los cuadernos, los muebles de madera, los cobres empañados y la espera, que es una de sus formas y su modo»; y ha sido así, aunque me aconsejan que más vale no quejarse porque todo es susceptible de empeorar, pero yo hoy me quejo de los pésimos primeros meses que lleva este 2018 en los que la parca ha hecho cuentas y resulta que avanza y nos aplasta. Cuando pienso que la sustancia del mal anida en Ana Julia Quezada, mujer fría y calculadora que ha dejado, desde hace años, un rastro de sospechosas aniquilaciones a su alrededor, pienso en la inteligencia humana al servicio de la perversión. Un profesor de criminología me dice que cuanto más se ahonda en los motivos de aquellos que matan, más parece que el demonio dicta sus actos, de ahí que la criminología se acerque en muchas ocasiones a la demonología, parece mentira que la Ilustración ceda terreno a la superstición, al menos en algunos casos. Qué laberíntica el alma humana, qué corazones gélidos, qué débil la voluntad del hombre, a pesar de su acervo cultural, de sus avances. Peor aún resulta si nos preguntamos si será por eso.
lunes, 19 de febrero de 2018
Las ciudades como parques jurásicos ... por Alfredo Taján
Les parecerá un recurso literario pero la primera idea que tuve de lo que, en realidad, significaba parque temático fue cuando acudí al estreno, fíjense la paradoja, de la película Parque Jurásico, en el desaparecido cine Astoria. Recuerdo el periplo de los invitados a aquel recorrido en unos frágiles coches-trenecito que descarrilaron estrepitosamente en cuanto se produjo el primer fallo en el Centro Tecnológico de aquella isla imaginaria frente del Pacífico costarricense. Todo parecía estar controlado para que los protagonistas –por cierto, y entre otros, un par de repelentes niños Vicente dignos del aperitivo de un T.Rex- observaran a nuestros ancestros clonados por un científico obsesivo –Richard Attenborough- que deseaba repetir Cuando los dinosaurios dominaban la tierra, otro filme menos temático y más fantástico con una Vicky Vetri a pedir de boca, pero que todo le salió rana, pero rana en forma de dinosaurio belicoso. Ya les digo, tuve mi primer acercamiento al concepto de parque temático gracias al genial, y maldito, Steven Spielberg, y a través de una serie de situaciones límite que aún hoy, al recordarlas, me causan desasosiego, por ejemplo, la extenuante jungla, repleta de trampas, que me retrotrajo a la que habitaba Tarzán en Papúa-Guinea o la estrategia caníbal de aquellos depredadores mucho más sutiles que Hannibal Lecter, o por último, el frenesí circense de un T. Rex a lo Pinito del Oro en la coda final de un filme no por espectacular menos simbólico.
Articulo completo en :
Las ciudades como parques jurásicos: ciudades turísticas versus ciudades culturales, por Alfredo Taján
viernes, 2 de febrero de 2018
Llámame por tu nombre... por Alfredo Taján
«En las lecturas modernas se toma por cisne a más de un ganso»;
la frase del crítico, profundo conocedor de cultura italiana y china, y memorialista Harold Acton (1904-1994) desvela lo que en absoluto me pasó cuando el pasado lunes acudí, acompañado por José Luis Cabrera, a disfrutar, y refocilarme en el disfrute, de las intensas imágenes que nos brindó el filme 'Call me by your name' ('Llámame por tu nombre'), en versión original con subtítulos, que venía antecedido de un sinfín de alas batientes en la sinuosa línea de comentarios tipo: «se calla más de lo que se dice», o del explícito, «el amor que no osa decir su nombre» o el manoseado: «es lenta»; pues al contrario, en esta película sí que se muestra y se saborea el mejor fruto de la cosecha.
viernes, 12 de enero de 2018
Los secretos más sórdidos ... por Alfredo Taján.
Catherine Denueve la ha liado parda al liderar un movimiento contrario al políticamente correcto 'Me too' (yo también) que anima a las actrices que fueron víctimas de acoso a denunciar a sus compañeros de trabajo, ya fueran estos productores -el primer caso, con el que se abrió la veda, fue el del todopoderoso Harvey Weinstein-, actores -la lista la ha encabezado Kevin Spacey y se va nutriendo con Dustin Hoffman, Michael Douglas y James Franco, entre otros-, al igual que directores y guionistas, caza insaciable a toda la fauna de machotes tocones que pulula en torno a esa industria en la que abundan los sepulcros blanqueados, y ahora me viene a la cabeza una novela que recomiendo: 'Los seres queridos', de Evelyn Waugh, la ácida historia de una funeraria de Los Ángeles, con sus estrellas, y los perritos de las mismas, amortajados y listos para acceder a la gloria con la cara estirada, bien vestidos, incluso moviendo la cola, y a los perros me refiero, no sean mal pensados. Pues bien, Madame Denueve no quiere bailarle el agua a Oprah Winfrey en su precampaña presidencial y ha destapado la caja de las esencias con una frase que ya ha hecho historia: «La seducción no es delito, no puede equipararse a un hombre normal con un delincuente sexual, hay mucha hipocresía en todo esto, un feminismo radical, sectario y ultrarreaccionario que quiere indicarnos cómo hablar, cómo hacer el amor y qué opinar».
domingo, 7 de enero de 2018
Hoy vuelvo a Isla Negra ... por Alfredo Tajan

La tormenta arreciaba, pero insistí a mis padres hasta que cedieron: teníamos que visitar Isla Negra, el pueblecito costero donde había creado su mundo Neftalí Reyes, mundialmente conocido como Pablo Neruda. No fue fácil el viaje en aquel 'ómnibus' que lentamente besaba los precipicios con el mar bravío al fondo. Aquel septiembre del 76 se celebraban tres años del ascenso al poder de un general traidor, Augusto Pinochet, y los chilenos no hablaban, el miedo todavía los paralizaba, para pronunciar el nombre del 'voltiado' Salvador Allende la gente esperaba a la noche y entonces susurraban; en Santiago habíamos visto cómo los niños desfilaban uniformados, cual pequeños soldaditos, al entrar al colegio, mientras entonaban el himno nacional. Dios, cuánto me recordó esa disciplina a la que me aplicaban en la vecina República Argentina, que, por cierto, recién estrenaba otra Junta aún más eficaz, si cabe, en la higiene criminal que la chilena. Quiero que entiendan lo que para mí supuso conocer Isla Negra. Debajo de aquella extraña casa rugía, paradójicamente, el océano Pacífico, quizá lanzaba sus enormes olas contra las rocas a causa del trágico homicidio de su amigo el poeta, con el que mantuvo un apasionado romance y que moriría el 26 de septiembre del 73, demolido por la masacre de miles de personas en el estadio de fútbol de la capital, entre otros, uno de los suyos: el trovador Víctor Jara.
jueves, 30 de noviembre de 2017
La Librería ... por Alfredo Taján
El pasado domingo acudí a ver 'La librería', último trabajo cinematográfico de Isabel Coixet; debo confesar que creía que la autora de la novela en que se basa el filme, Penélope Fitzgerald, aún vivía y tuvo que corregirme Txema Martín, vía Wikipedia. Perdona, Txema, le dije, es que me gustó tanto la historia que he querido resucitar a la autora, fallecida en el ya lejano año 2000; por cierto, la encontramos en exquisita edición de Impedimenta, traducida por Ana Bustelo. Y si la novela es buena, les confieso que Coixet ha rizado un rizo intimista y preciso que es homenaje a sus obsesiones, y, vaya por delante, a las mías. Lo autobiográfico muchas veces, más que hacernos pensar en nosotros mismos, nos hace reflexionar sobre nuestro entorno, acerca de nuestra época, de lo que nos sucedió o no nos sucedió, y la infancia se transforma así en un almacén de propósitos que luego no se cumplieron. La trama de este primoroso relato casi no existe, el argumento es lo de menos, lo importante son las imágenes, el paisaje, el 'landscape', y lo escribo en el idioma de Shakespeare porque tiene un significado más amplio, esto es, algo que nos hace formar parte de un lienzo natural y del que no podemos borrarnos.
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