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domingo, 22 de marzo de 2020

De eso se trata ... por Javier Cercas


Estos días en España no se puede vivir sin temor; tampoco se debe: la valentía no consiste en no tener miedo, sino en dominarlo, hacer lo que hay que hacer y seguir adelante

Pertenezco a la primera generación de europeos que no conoce una guerra, al menos —no olvido la de la extinta Yugoslavia— una guerra entre las grandes potencias. Es posible que ese hecho asombroso inoculase en nosotros la íntima convicción de que, una vez libres de ciertas rémoras del pasado —el terrorismo de ETA, por ejemplo—, íbamos a vivir a resguardo de las calamidades que se abatieron sobre nuestros antepasados. Este optimismo sin fundamento empezó a agrietarse el 11 de septiembre de 2001, cuando el islamismo radical presentó su inesperada tarjeta de visita en Nueva York, y se volvió mucho más frágil con la no menos inesperada crisis de 2008; pero lo que nadie podía esperar es que terminara de hundirlo una plaga de resonancias bíblicas que nos ha confinado a todos en casa durante tiempo indefinido. Lo escribí en este periódico hace solo unas semanas: el único rasgo previsible de la historia es su imprevisibilidad.

jueves, 17 de octubre de 2019

La gran traición ... por Javier Cercas

Para los políticos separatistas, solo son catalanes quienes se muestran fieles a la patria y votan lo que hay que votar. Los demás no contamos
UNA DE las crónicas sobre el juicio al procés que se publican en este periódico, Pablo Ordaz narra cómo, durante una sesión, los testigos separatistas “se erigen con toda naturalidad en la totalidad del pueblo”: “Aunque las urnas digan una y otra vez que el voto independentista no es mayoritario, el relato de los testigos consigue hacer invisible a la otra mitad”. Y concluye: “El independentismo consigue llenar todos los días el salón de plenos de una parte de Cataluña que se considera el todo”.

Esa es la cuestión. El pacto central de la Cataluña democrática lo formuló así su patriarca, Jordi Pujol: “Es catalán todo aquel que vive y trabaja en Cataluña”. Cientos de miles de emigrantes arribados de toda España en la posguerra, gente muy humilde en su inmensa mayoría, se lo creyeron; mis padres también se lo creyeron, y criaron a sus hijos en consecuencia. Es verdad que mi madre, que llegó casi sin estudios, con más de 30 años y cinco niños, no habla catalán, y por tanto es de esas personas a quienes el actual presidente de la Generalitat llamó, en un artículo memorable, “carroñeros, escorpiones, hienas” y “bestias con forma humana”; pero mis hermanas y yo no somos como ella.

martes, 20 de agosto de 2019

Locos... por Javier Cercas


¿Nos hemos vuelto todos locos?
Sánchez hizo exactamente lo que debía con el 'Aquarius'; ahora debe hacer lo mismo y no convertirse en cómplice
Resumen de los capítulos precedentes. El 1 de agosto, el buque español Open Armsrescata en el Mediterráneo a 55 personas que huyen a la desesperada de distintos países de África, 20 de las cuales son menores. A la mañana siguiente rescata a otras 69, 10 de las cuales son niños. Ocho días más tarde, cuando Malta e Italia, los puertos más cercanos, han rechazado de manera reiterada e inequívoca, con argumentos falaces, tramposos o abyectos, acoger a esos desesperados —algunos de ellos enfermos—, su número asciende a 160, y la situación a bordo del barco se complica cada vez más: hay discusiones, incidentes violentos, amenazas de motín. Mientras tanto, los tres países involucrados en el incidente (España también lo está, puesto que el Open Arms navega bajo bandera española) se quitan de encima el marrón, la UE no sabe/no contesta, el resto de socios europeos silban mientras se liman las uñas, el desalmado Matteo Salvini, feliz en bañador y con barriguita cervecera, suelta chistes graciosísimos contra Richard Gere —que ha cometido la imperdonable fechoría de llevar víveres y sonrisas a los náufragos— y los demás contemplamos atónitos la función desde la playa, con un puro en una mano y un mojito en la otra. La pregunta es: ¿Nos hemos vuelto todos locos o qué?

martes, 15 de mayo de 2018

Pesadilla en Barcelona ... por Javier Cercas

Raquel Marín
¿Representa el señor Torra, con su xenofobia salvaje, al independentismo actual? ¿Esto es lo que había detrás del nacionalismo tolerante, transversal, abierto e integrador que el catalanismo predicaba en Cataluña?

Repitámoslo una vez más, a ver si repitiéndolo acabamos de creerlo: Joaquim Torra, flamante presidente de la Generalitat, es un entusiasta de Estat Català, un partido fascista o parafascista y separatista que en los años treinta organizó milicias violentas con el fin de lanzarlas a la lucha armada; también es un entusiasta de sus líderes, en particular de los célebres hermanos Badia, dos terroristas y torturadores a quienes, como recordaba Xavier Vidal-Folch en este periódico, el señor Torra calificó como “los mejores ejemplos del independentismo”. La palabra “entusiasta” no es, como se ve, exagerada. Hace apenas cuatro años, en un artículo titulado Pioneros de la independencia y publicado en el diario El Punt Avui, el señor Torra escribía refiriéndose a Estat Català y a Nosaltres Sols!, una corriente de Estat Català nacida en torno a una red paramilitar clandestina: “Y hoy que el país ha abrazado lo que ellos defendían desde hace tantos años, me parece de justicia recordarlos y agradecerles tantos años de lucha solitaria. ¡Qué lección, qué bellísima lección!”.

domingo, 11 de marzo de 2018

Mentir con la verdad ... por Javier Cercas

Dada la omnipresencia todopoderosa de los medios de comunicación, ya no basta con contar la verdad: es urgente desenmascarar las mentiras.

LAS MEJORES MENTIRAS no son las mentiras puras sino las mentiras mezcladas con verdades. Las mentiras puras no son casi nunca creíbles; las mentiras más creíbles —las mejores mentiras, las más eficaces y más comunes— son aquellas que contienen una dosis de verdad y poseen por tanto el sabor de la verdad. De ahí que en toda gran mentira aniden casi siempre pequeñas verdades.

El independentismo catalán conoce esta ley universal y ha hecho un uso soberbio de ella. Un ejemplo entre miles. El pasado mes de enero la Unidad de Inteligencia del semanario The Economistpublicó su estudio anual sobre la calidad de la democracia en el mundo. Éste traía malas noticias para la democracia española, que enseguida fueron difundidas y glosadas por cronistas, comentadores y tertulianos independentistas, así como por los mediopensionistas (los que un día son independentistas y el otro no, o los que lo son o no según dónde escriban o hablen). Las malas noticias de The Economist decían que, a causa de la deficiente gestión de la crisis catalana, la democracia española estaba a punto de dejar de ser una democracia plena (“a full democracy”) y de convertirse en una democracia imperfecta (“a flawed democracy”). Traduzco: “El intento del Gobierno nacional de detener por la fuerza el referéndum catalán de independencia celebrado el 1 de octubre y su tratamiento represivo de los políticos favorables a la independencia la han puesto en riesgo de convertirse en una ‘democracia imperfecta”.