Mostrando entradas con la etiqueta opinionsoler. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta opinionsoler. Mostrar todas las entradas

domingo, 2 de agosto de 2020

Pablo ... por Antonio Soler


Las cartas han venido marcadas y sabemos que Pablo ya solo nos espera en La otra ciudad. Aquella en la que seguiremos viviendo siempre



«Se fue releyendo a Borges», dice el mensaje de Angela, su mujer. El muchacho inconformista con fama de bueno. Miro a un lado y está la mesa de azulejos que compré con Pablo en Tánger y que él se ofreció a cargar hasta el barco, entre risas. Miro atrás y a la altura de mi costado están sus libros, miro a todas partes y en todas partes está Pablo, miro a los ojos, más verdes hoy, de Jose Garriga y está la sombra de Pablo, y la tristeza en la que flotamos al sol. Hacia adelante y hacia atrás, en mis oídos está la voz de Pablo y me sobrecoge pensar que pueda olvidarme de su voz primera, la voz del muchacho que vi por primera vez en aquel comedor social, entre gente derrumbada.

Conocí a Pablo en un comedor social en el Llano de la Trinidad. Primeros años noventa. Éramos voluntarios, servíamos mesas a los náufragos, recogíamos los platos sucios, fregábamos el suelo y luego nos íbamos a Los 21. Me hablaba de literatura como un devoto, como un desesperado, emitiendo emoción, igual que un trozo de metal radioactivo emite energía. Pasamos una nochevieja juntos, persiguiendo fantasmas. Le perdí la pista durante una temporada, me dijo que se había ido, cogiendo autobuses, desde Málaga a China. Idealista, se declaró en rebeldía frente al Ejército. Así apareció por primera vez en las páginas de este periódico. Un rebelde. Un objetor de conciencia al que le gustaba boxear. Las contradicciones son nuestro sustento.

viernes, 3 de julio de 2020

Vidas de saldo ... por Antonio Soler


Se rebaja el valor de la vida en función de la fecha de nacimiento o su probable caducidad



Podríamos empezar el artículo como esas películas en las que aparecen la hora exacta y el lugar de la acción cada cien o doscientos fotogramas, como si el espectador fuese un fiscal del tiempo o un cronometrador olímpico. Esas películas empiezan casi siempre con Washington y unas vistas aéreas en las que se ve de paso la Casa Blanca o el Lincoln Memorial. La nuestra, nuestra película, más doméstica, empieza en la calle Sierra de Grazalema, Málaga distrito federal, a las 9.08 p.m. del pasado miércoles, 1 de julio. Y aunque tiene el aire distendido de una historieta amable de esas de chico-encuentra-chica, en realidad es una película de terror, un drama con trasfondo social.

A esa hora, en la puerta de un bar, con motivo de no se sabe qué fiesta o inauguración, había una aglomeración de cincuenta o sesenta personas formando bulliciosos corros, entrelazados, rientes, dando la bienvenida al verano esplendente a cara descubierta. Solo el embozado camarero que se abría paso como podía, rozándose entre los grupos, llevaba mascarilla. No se trataba de una chiquillería adolescente. El casting era amplio y solo relativamente joven, lo suficiente, eso sí, para no considerarse personas de riesgo. El riesgo es de los demás. Pero a quién le importa. Nadie allí tenía ochenta años, nadie debía de tener ningún familiar que haya pasado por la UCI ni nadie de esa festiva comitiva habrá visto, porque nos las han escamoteado, ninguna imagen de lo terribles que son las consecuencias de esta enfermedad, de esta epidemia. Sanos, alegres, inconscientes y profundamente insolidarios. Vidas relucientes, de primera calidad.

viernes, 3 de abril de 2020

Diario ... Por Antonio Soler



Es el síndrome del enfermo, que súbitamente se da cuenta de que hasta ese momento era feliz sin saberlo


La ciencia ficción no estaba en la pantalla de plasma sino en la ventana de nuestra casa. Nos podíamos haber ahorrado la cuota de HBO. Un virus llegado de China se ha convertido en el guionista de moda y pasa el capítulo diario de la serie en el vidrio de nuestra ventana. Ahí, en ese cristal, se proyecta nuestra película y se escribe nuestro guión. Asomado a la ventana ve uno en medio de la calle desierta a un joven repartidor. Un muchacho que se gana la vida con ese oficio humilde, ahora de pronto valorado. Ahora de pronto rescatado del furgón de cola social aunque continúe en el furgón de cola económico. Ni el prestigio efímero ni los aplausos dan de comer.

Así que el muchacho va de un lado de la calle a otro, de su furgón a una puerta y de la puerta al furgón. Entrega unos paquetes que seguramente no están contaminados. Lleva mascarilla y lleva guantes. Y en el ir y venir, desacostumbrado a su uso, se toca la mascarilla, se la recoloca y reajusta hasta que un vecino desde su terraza le advierte. No te toques la mascarilla, te lo aconsejo como médico, y perdona, pero eso que haces tiene un riesgo. El embozado hace un gesto de asentimiento y responde: Yo le aplaudo todas las tardes, gracias. El presunto médico dice que él y sus compañeros mensajeros también van incluidos en el aplauso colectivo de cada día. Se despiden levantando el pulgar. Figurantes en la película de cada día, protagonistas de un cameo fraternal.

lunes, 30 de marzo de 2020

Ciencia y ficción ... Por Antonio Soler


Ahora ya sabemos que la ciencia ficción es posible. Que pasamos una página de la novela realista de nuestra vida y de pronto estamos en un escenario que medio capítulo atrás nos parecía obra no ya de Philip K. Dick sino de un guionista hollywoodiense de segunda. Calles vacías, Europa acosada por una peste invisible, Asia ayudando y marcando el camino a los pequeños y desolados países de Occidente cuyos ancianos mueren desasistidos. Cadáveres amontonados en morgues improvisadas y los presidentes de Gobierno comunicándose entre ellos a través de pantallas de plasma porque temen contagiarse unos a otros.

La tecnología y la precariedad compartiendo el mismo espacio. El futuro no era solo aquel súper ordenador de '2001'. No todo eran naves espaciales que giraban en el espacio al ritmo del 'Danubio Azul' y asepsia, compuertas inteligentes y voces mecánicas que nos daban los buenos días. También los visionarios proyectaron un tiempo en el que la miseria estaría estrechamente combinada con la alta tecnología. Estética 'Blade Runner' y derivados. Un mundo en el que el sector primario se aliaba con la ciencia más sofisticada en detrimento de todo lo que existía entre esos dos ámbitos. Una naranja como un tesoro y un abrazo como algo que formaba parte del pasado de la humanidad. El consuelo que nos queda es que esta visita futurista es pasajera. Casi todo lo será, porque el mundo después del coronavirus no será el que dejamos atrás al pasar la última página.

viernes, 27 de marzo de 2020

Aplazados ... Por Antonio Soler



La hemeroteca tendrá que ser rescatada para dar cuenta de tanta irresponsabilidad ciudadana y de tanta negligencia sanitaria



Porque están los muertos, porque están las UCIs desbordadas, porque están los sanitarios, los basureros, los trasnportistas, los agricultores, los periodistas haciendo su trabajo a la contra y a la desesperada, porque es tiempo de construcción, porque hay que dar espacio a lo solidario, a la entrega, al coraje, a lo mejor. Por eso y por unas cuantas cosas más, conviene aplazar el ajuste de cuentas. Porque están los aplausos, y hay que insistir en ellos, no están las cacerolas haciendo de cencerro ni fomentando la ira. Porque nada de este caos es premeditado ni responde a un complot, ni siquiera a la indiferencia, hay que aplazar la indignación. Pero no hay que aplazar ni abandonar la memoria. Y si la hemeroteca ha sido siempre el peor veneno de los políticos del plazo corto y del digo Diego, la hemeroteca tendrá que ser rescatada, paso a paso y día a día, para dar cuenta de tanta irresponsabilidad ciudadana y de tanta negligencia sanitaria. Desde Pedro Sánchez a Fernando Simón, pasando por las risotadas de Abalos en el Congreso con 4.000 muertos y por las ministras vocingleras que todavía en marzo consideraban que el peor virus eran el machismo y la cobardía de quedarse en casa y no ir, codo con codo, a manifestarse.

viernes, 20 de marzo de 2020

Consuelo ... Por Antonio Soler



Apenas hace diez días se hacía sangre con las ausencias o las presencias indeseadas en las manifestaciones feministas


«Humana cosa es tener compasión de los afligidos; y aunque les conviene a todos sentirla, se les exige especialmente a aquellos que en algún tiempo tuvieron menester de consuelo y lo encontraron en los demás...». Así arranca el 'Decamerón', la obra en la que diez jóvenes florentinos se refugian en una villa para pasar la peste que asola su ciudad. Como se ve, los casi siete siglos transcurridos desde la redacción de esas líneas se han evaporado súbitamente. Apenas hace diez días se hacía sangre con las ausencias o las presencias indeseadas en las manifestaciones feministas. Ciudadanos, PP. Todo eso suena a un pasado remoto y a una banalidad absurda. Juegos de niños ricos. Rabietas.

viernes, 28 de febrero de 2020

Andaluces... Por Antonio Soler


En tiempo de mesas negociadoras, carroñería nacionalista y rapiña proindependentista venimos los andaluces a celebrar nuestro día. Nuestra idiosincrasia, como se decía antes. Se decía así pero ni antes ni ahora sabemos muy bien de qué se trata, en qué rincón de nuestra alma se conectan los anillos concéntricos que nos llevan a ser con naturalidad malagueños, andaluces, mediterráneos, españoles, europeos, terrícolas. Ese desconocimiento es loable. Lo contrario, la precisión de esos tiradores de élite tipo Torra que conocen al milímetro qué rizo de su frente hueca corresponde a la esencia catalana y cuál a una raíz hispana (que debe ser convenientemente rastrillada) es enfermedad por mucho que hoy día sea imitado y tan contagioso como el virus chino.

Turolenses, leoneses, mallorquines, se notan el síntoma, el afán diferenciador, y lucrativo. Una fiebre del oro nacionalista que casa muy bien con el pensamiento de la derecha dura. Los andaluces, por suerte, no sabemos distinguir los rasgos físicos que nos separan de quienes viven al norte de Despeñaperros. No tenemos la habilidad de esa diputada catalana que promueve hablar en lengua vernácula a los que muestran un rostro con escasez de gen catalán. No somos aficionados a medir cráneos para comprobar si esos huesos y cavidades son eminentemente vascuences o solo riojanos.

lunes, 24 de febrero de 2020

Fútbol es fútbol... Por Antonio Soler


Fútbol, es fútbol. O debería serlo. El fútbol fue fútbol en un tiempo remoto, pero ahora es otra cosa. Ahora es fútbol y mucho más. Alfredo Di Stefano dijo que el fútbol se acabó el día en el que los peluqueros entraron al vestuario. Un regate metafórico de la Saeta Rubia, ya canosa y con la sabiduría y el desapego de los años afinándole la vista. Uno, sin embargo, cree que el fútbol se acabó el día en el que los petroleros y los rusos de la post perestroika compraron los vestuarios. Bueno, realmente el fútbol no lo acabaron los peluqueros ni los petro-ucranianos, sencillamente, siguiendo el precepto de Lavoisier, no lo destruyeron: lo transformaron.

Lo transformaron en un evento que sobre los cimientos del fútbol tiende cada vez más al espéctaculo, a los fuegos artificiales. A super bowl europea (todo llegará, incluidas la Jennifer y la Shakira del momento). El filósofo y forofo (del Liverpool) Simon Critchley escribió un interesante libro, 'En qué pensamos cuando pensamos en fútbol', en el que se afirmaba que el fútbol era el ballet de la clase trabajadora. Tal vez en un tiempo fuese así. Ahora, ayer mismo, el teórico y también filósofo Valdano decía que el fútbol, «como fenómeno popular, le gusta a pobres y ricos». Sí, el espectáculo gusta a todos y todos dan rienda suelta al espíritu infantil, conquistador, batallador, de este deporte, pero a quienes de verdad gusta es a los ricos, a los muy ricos que ven en él la posibilidad de un negocio en sí mismo o el puente para otros negocios igual o más lucrativos. Y ahí es donde entran Al-Thani y su cuadrilla.

viernes, 14 de febrero de 2020

Cangrejos ... Por Antonio Soler


No confundir el porvenir con el pasado. No pretender gobernar hacia adelante y hacia atrás en una estrategia de cangrejo

Nuestro Gobierno se reúne en una finca toledana para alimentar la sinergia personal y formar un conglomerado ministerial que redundará en beneficio de todos nosotros. De modo que el paseo en vaqueros y zapatos deportivos, además de mostrarnos a nuestros gobernantes como realmente son una vez despojados del uniforme, es una especie de plan quinquenal pero informal. Se trataba de una vía de conocimiento, han dejado claro los participantes en estas jornadas de convivencia con olor a catequesis.

Los devotos de Podemos ya no se preguntan por el costo económico que ese retiro espiritual le supone a los jubilados, a los autónomos -que por cierto llevan toda la vida con los minutos del café y el cigarrillo descontados de su gotero salarial-, a la legión de los parados. Podemos es el tigre domesticado, y su líder, antes mesiánico, ahora es un gato faldero que aprovecha la menor ocasión para restregarse contra las piernas de su jefe. La perilla se le espuma de baba cada vez que dice «El Presidente. Lo que el Presidente me dice, lo que el Presidente y yo vamos a hacer». Lo que antes era casta ahora es colegueo. Vallecas es el sueño juvenil y desvanecido de un romántico que quería asaltar el cielo con una pértiga fabricada con los hilos virginales del misticismo.

jueves, 9 de enero de 2020

El Centro ... Por Antonio Soler


Ana Oramas se subió a la tribuna de oradores y reivindicó otros modos, otra dignidad y otra España. Quizás por eso nadie le aplaudió. Porque Oramas, con su acento canario hecho a medias de dulzura y firmeza, desbarató la pelea de unos niños egoístas a los que el adulto les muestra la miseria de su disputa. Ana Oramas les rompió el juguete. Ni esta gente del PSOE y Podemos son terroristas ni Casado es un fascista ni el Congreso es una cueva de gente venal. Más o menos conservadora, rebelde -como rebeldes fueron los diputados socialistas que rompieron la disciplina de voto para decirle No a Rajoy- hizo una reivindicación de la cordura y la tolerancia. Y eso, parece que no se va a llevar en esta legislatura.

En cierta forma, lo que la diputada canaria reivindicó fue el centro. Un centro político que en este momento ha desaparecido no solo nominalmente sino estratégicamente de la política española. El PSOE, que desde el abandono del marxismo -con renuncia temporal y reconstituyente de Felipe González a la secretaría general-, tenía un pie en el centro, ahora parece que lo saca de la pista para unirlo en un arriesgado baile al de una pareja que unas veces se viste de populista, otras de socialdemócrata y otras de simple constitucionalista, según sople el viento demoscópico. Por su parte, el PP, históricamente acomplejado de derechismo y tan tímido en su centrismo, anda con los mareos y vahídos que le daban a la Regenta en los momentos comprometedores.

domingo, 29 de diciembre de 2019

Año Viejo ... Por Antonio Soler


Se va el año y como siempre ahí quedan las estampas de los últimos trescientos sesenta y cinco días. Notre Dame en llamas y Barcelona también. Solo que lo de París eran llamas místicas y las de Barcelona la candela de los basureros. El arte y la política de los vertederos confundidos por el fuego. Eso ocurre todos los años. Esa confusión. Luego vienen los historiadores pacientes, talentosos, y rastreando las cenizas de los viejos fuegos nos cuentan sus orígenes y sus categorías. Ahora todo es eso, confusión y olor a quemado. Todavía vamos pisando la alfombra raída del año que se va, todavía los ecos de los pirómanos urbanos, de los hooligans y los Cojos Mantecas del nuevo milenio -con sus muletas virtuales y su twitter- se confunden con las voces.

Los arqueólogos desentrañarán este caos. Interpretarán las palabras y también los silencios. Rufián, ese espadachín que en vez de sable usa cachiporra, dictaminó la noche del 24, mientras el rey aún estaba hablando, que su discurso era un mitin de Vox. Capitán Centella este Rufián que tachó a Puigdemont de Judas del Ampurdán y que ya no lleva impresoras al Congreso pero negocia en morse con el PSOE. Judas ya no es Judas sino un hombre de Estado, de República, y Torra alguien a quien hay que restituirle el honor para luego merendárselo en unas elecciones catalanas, catalanistas y otra vez plebiscitarias. Como egiptólogos, con salakov de metacrilato, o de lo que entonces se lleve, desentrañarán los arqueólogos el jeroglífico sordo de las negociaciones esquerro-socialistas. Ese silencio presidencial. Ese hurto a la democracia con el que Pedro Sánchez deja pasar esta Navidad. Por estar en funciones, nos ha dicho por señas. La funcionalidad es mudez. Materia de equilibrista. Opacidad. Misterio.

jueves, 5 de diciembre de 2019

Por la Gloria... Por Antonio Soler


La legislatura XIV ha arrancado con las barbas del diputado Zamarrón y la camiseta multindependentista de una muchacha revolucionaria como protagonistas. Zamarrón va camino de convertirse en Manolo el del Bombo parlamentario, un adorno típico, como esos señores que van al sorteo de Navidad cubiertos de décimos de lotería o los aficionados que se disfrazan en el borde de la carretera para ver pasar la vuelta ciclista. Zamarrón va de Valle Inclán, pero sus chascarrillos decimonónicos lo acercan más al abuelo Cebolleta que al manco de Villanueva de Arosa.

jueves, 31 de octubre de 2019

Truco o Trato ... Por Antonio Soler


A debate los fuegos fatuos de Barcelona y la marcha fúnebre del Valle de los Caídos
Esta noche los niños andarán por ahí con camisetas de esqueletos y caretas de calaveras y mañana nos resucitarán a todos por medio del arranque de la nueva campaña electoral. Una campaña que realmente no es otra cosa que una sucesión de lo que ya tenemos, de lo que vivimos desde hace ya no se sabe cuántos meses. Un nuevo asalto en este pugilato que empieza a parecerse a la lucha libre americana, ese teatrillo en el que los golpes son figurados y las victorias, además de efímeras, pírricas. A debate los fuegos fatuos de Barcelona y la marcha fúnebre del Valle de los Caídos. Franco convertido en zombie y cada candidato afilando la guadaña para ver cuánto trigo electoral lleva a su granero el 10 de noviembre.

jueves, 17 de octubre de 2019

El Filósofo Guardiola ... Por Antonio Soler

Zlatan Ibrahimovic lo llamaba El Filósofo. Lo llamaba así despectivamente, claro. Que en el mundo del fútbol te llamen El Filósofo es síntoma de vejatorio. Como si en un barrio bajo te dicen El Poeta. Mala cosa. Un periodista, amigo de El Filósofo y buen conocedor de los entresijos del vestuario barcelonista, contó en pequeño comité cómo en cierta ocasión Ibrahimovic le cortó el paso a Guardiola para echarle en cara una sustitución y el entonces entrenador culé se dio la vuelta y huyó del modo más digno que pudo. Podríamos decir que Guardiola hizo prevalecer su pacifismo.
Ahora también lo ha hecho de cara a la opinión internacional. Su pacifismo y sus conocimientos jurídicos además de su compromiso con la libertad de expresión. Guardiola fue un símbolo no solo del barcelonismo sino de las aparentes buenas maneras. Era el chico bueno frente al gamberro Mourinho. El seny y el europeísmo frente a la chabacanería merengue y españolista. El dandy frente al bocazas. Un chico relamido que cuando quería dejaba aparecer al tipo que también sabe decir tacos para hablar del «puto jefe, del puto amo» del Bernabeu. Así, severo, pero con un inglés exquisito, El Filósofo ha salido al mundo para contar la deriva autoritaria que sigue España y cómo en este país no hay garantías judiciales ni libertad de expresión. Que quede claro, en este país las ideas se combaten mediante la represión.

martes, 8 de octubre de 2019

No es ciudad para viejos ... Por Antonio Soler

Susana Díaz es la viuda desconsolada del poder. El poder es veleidoso y hace matrimonios quebradizos y siempre dispuestos a acudir al Tribunal de la Rota Romana para disolver lo que Dios y las urnas unieron. El tiempo de los caudillos eternos pasó y solo queda como un recuerdo brumoso o como recurso para que gente como Isabel Díaz Ayuso se empine sobre su propia estulticia e imprudencia para darnos su auténtica medida. Ahora viuda -roja y decente siempre-, Susana Díaz teme que haya un tocomocho en el metro soterrado al Hospital Civil y le exige a Moreno Bonilla un plan de viabilidad. El metro malagueño siempre fue origen de conflictos entre la Junta de Andalucía y el Ayuntamiento, o lo que es lo mismo, entre Susana Díaz y Francisco de la Torre. Todavía se pueden oír los ecos de Díaz lamentando que el alcalde pusiera piedras en el camino del suburbano.

viernes, 6 de septiembre de 2019

Septiembre... Por Antonio Soler

Ya han calificado nuestra situación política como día de la marmota

Llega septiembre con las ínfulas de un año nuevo. Por encima de los calendarios y las campanadas de la Puerta del Sol, el año comienza con este mes en el que maduran las uvas, los estudiantes vuelven a las aulas y los buenos propósitos al espíritu de todos. Esa era la fama de este mes amarillento, sin embargo, este año todo suena a repetición. A reválida de mal estudiante, a mensajes de segunda o tercera mano. Ya han calificado nuestra situación política como día de la marmota. Con toda razón. Ahí están las voces de Podemos hablando de gobierno de coalición y las del PSOE de programas y materias a estudiar. Para eso se supone que han estado trabajando los socialistas con colectivos de izquierda, haciendo una labor de erosión lenta. Tan lenta como la que borra las aristas a las cordilleras. Un trabajo invisible para el ojo humano.

jueves, 1 de agosto de 2019

Peliculeros... Por Antonio Soler

Los Goya van a venir a Málaga y es razonable que así sea. Esta es una ciudad con cantera inacabable de peliculeros, un festival de cine español que se ha convertido en cita de la cinematografía nacional y una ciudad que se ha afanado por travestirse en capital de la cultura después de ser una urbe esencial y encantadoramente canalla. Un transformismo muy en consonancia con los tiempos, que va de un lado a otro del Mediterráneo y cuyo faro es Barcelona. Allí el tufo portuario se convirtió en olimpismo y los bajos fondos en un dandismo de diseño rozando el empalago. Marsella intenta algo parecido, con menos gusto y menos edulcorante. Tesalónica, Valencia están en ello. Nápoles opta por preservar el canallismo como identidad indisoluble, el napolitanismo es marca, gen.

lunes, 22 de julio de 2019

La Lógica en Alpargatas... Por Antonio Soler

Cuando los cazadores de Vox se ponen filosóficos, unamunianos y exquisitos es mejor salir corriendo a comprar tapones de cera. De los buenos. Sacan las verdades del zurrón y las extienden a sus pies del mismo modo que en aquellas inconmensurables cacerías del caudillo y compañía colocaban las perdices y las tórtolas. Las verdades y los sofismas de los voxeros tienen el mismo cuello blando que aquellos pájaros, e igual que ellos necesitan de unas hacendosas comadres que las desplumen y las echen a la olla para que puedan ser comestibles, digeribles.

Estos hombres, y sus mujeres, están acostumbrados a la trascendencia. Diríase que duermen con cota de mallas y que cada uno tiene en su mesilla de noche un brazo de santa Teresa o la calavera de San Juan de la Cruz, sí, pero a la hora de medirse cuerpo a cuerpo con la filosofía les sale un churro, un garabato mental. El alto pensamiento es incompatible con esa bravura de tebeo que ostenta la tropa, como ya escenificaron el propio Unamuno y el tuerto (y manco) Millán Astray ahora recreados por Amenábar. El último, o penúltimo, representante de Vox que se ha echado al campo de la lógica filosofal ha sido el portavoz andaluz de la firme formación. Alejandro Hernández.

jueves, 18 de julio de 2019

Lunáticos... Por Antonio Soler

Medio siglo de la llegada del hombre a la luna. En aquellos años, Cabo Cañaveral, la Nasa o Houston eran nombres con los que los españoles pasaban la sopa mientras el telediario unidimensional y en blanco y negro nos los repetía como un salmo de la modernidad y de lo imposible. España misma era un país en blanco y negro, una comarca al sur de Europa que no era Europa y en la que la superchería tenía el mismo peso que la ciencia. Señoras con el pañuelo atado bajo la barbilla surcada de unas arrugas -en las que los fotógrafos se cebaban en busca de un neorrealismo de tercera mano- miraban aquellos lanzamientos al espacio con la misma naturalidad con la que en su juventud habían observado la llegada veraniega de las golondrinas. Los modernos capitalinos trataban de imitar la pronunciación hiperbólica de Jesús Hermida, que se contorsionaba en la pantalla para aparentar modernidad y filosofía yeyé.