¡Qué lástima!
martes, 26 de diciembre de 2017
Aumor Recomienda ... Mindhunter
Ed Kemper mató a 10 personas en los años sesenta y setenta. El actor Cameron Britton lo interpreta en ‘Mindhunter’
Anoche la terminé en una media maratón cortada por la cena navideña .
10 capitulos de la primera temporada de esta fabulosa serie creada por Joe Penhall y dirigida por David Fisher ( 4 capítulos ) y Asif Kapadia.
Cameron Britton está espectacular en el papel del asesino en serie Edmund Kemper.
En 1964, cuando Edmund Kemper tenía 15 años, mató a tiros a sus abuelos. Seis universitarias se unirían a su lista de víctimas entre 1972 y 1973 (de donde viene su apodo, El Asesino de Colegialas). Su macabra cuenta la cerrarían en 1973 su madre y una amiga de su madre. Tras matar a sus víctimas, practicaba necrofilia con ellas antes de descuartizarlas. En el caso de su madre, le cortó la cabeza e ingirió parte de sus órganos. Él mismo confesó sus asesinatos, por los que fue condenado a cadena perpetua. Actualmente cumple condena en la prisión estatal de Vacaville.
Cuento de Navidad ... por Almudena Grandes
La escritura le ocupó casi 20 años de vida tras su jubilación. Nadie leyó sus manuscritos hasta un 25 de diciembre, cuando su nieto se decidió a hojearlos.EL ABUELO empezó a escribir tres años después de jubilarse
El retiro forzoso le alcanzó cuando aún era un hombre jovial, saludable y lleno de energía, tanto que estuvo a punto de acabar con él. Su nieto Jorge era muy pequeño entonces, pero su memoria le recordaba como una figura en perpetuo movimiento. Se apuntó a un gimnasio, a un club de senderismo, a una asociación de voluntarios, a un grupo que recorría cada fin de semana las líneas del frente de Madrid en la Guerra Civil, se matriculó en una academia para aprender alemán, en otra donde preparaban el acceso de personas mayores a la universidad, en un curso de pintura… Hizo de todo, lo intentó todo excepto una escuela de escritura, y sin embargo, cuando aquel horario frenético se fue depurando, reteniendo lo esencial para desprenderse de lo superfluo, la escritura se convirtió en el eje que articuló su vida.
El retiro forzoso le alcanzó cuando aún era un hombre jovial, saludable y lleno de energía, tanto que estuvo a punto de acabar con él. Su nieto Jorge era muy pequeño entonces, pero su memoria le recordaba como una figura en perpetuo movimiento. Se apuntó a un gimnasio, a un club de senderismo, a una asociación de voluntarios, a un grupo que recorría cada fin de semana las líneas del frente de Madrid en la Guerra Civil, se matriculó en una academia para aprender alemán, en otra donde preparaban el acceso de personas mayores a la universidad, en un curso de pintura… Hizo de todo, lo intentó todo excepto una escuela de escritura, y sin embargo, cuando aquel horario frenético se fue depurando, reteniendo lo esencial para desprenderse de lo superfluo, la escritura se convirtió en el eje que articuló su vida.
Siempre así ... por Txema Martín
En Málaga hay muchos conciertos pero se repiten cada año los mismos artistas con un descaro clamoroso
Con el paso de los años ha resultado ser una evidencia que la programación musical de la Costa del Sol se ha visto beneficiada por la afluencia de visitantes extranjeros que ha provocado que durante los veranos podamos contar con la visita de grandes artistas de primer nivel. Enumerarlos aquí supondría el sacrificio de esta columna, pero por hablar sólo de los últimos años hemos visto cómo se han celebrado conciertos míticos en pistas de tenis, en escenarios históricos como el Castillo de Sohail o en la cantera de Nagüeles en Marbella, donde se celebra con éxito el festival Starlite que resume muy bien toda esa desenfadada demanda de música.
domingo, 24 de diciembre de 2017
Carta a sus Majestades de Oriente ... por Pablo Bujalance
De verdad, este año hemos sido muy buenos
Así que, por pedir, que no quede
Mientras tanto, Feliz Navidad con mis mejores deseos
Y no la cojan ustedes muy gorda esta noche
Una torre de 135 metros de altura en el Puerto con un hotel dentro; otra torre igualita, de la misma altura, justo al lado, para que pongan un Corte Inglés; un alumbrado navideño de Teresa Porras en la calle Carretería; ya que estamos, otro en Cristo de la Epidemia con música de Megadeth; una procesión extraordinaria del Santo Traslado; una noria gigante en plan London Eye en la desembocadura del Guadalmedina; ungusano loco en la fuente de colores de Teatinos; un cine de arte y ensayo en el Llano de la Trinidad; un monumento a Chiquito de la Calzada en el glaciar Perito Moreno; un bono-descuento para Victoria's Secret; un kebab con el visto bueno de las autoridades sanitarias de la UE; una función de El Circo del Sol en el Recinto Eduardo Ocón;
Así que, por pedir, que no quede
Mientras tanto, Feliz Navidad con mis mejores deseos
Y no la cojan ustedes muy gorda esta noche
Una torre de 135 metros de altura en el Puerto con un hotel dentro; otra torre igualita, de la misma altura, justo al lado, para que pongan un Corte Inglés; un alumbrado navideño de Teresa Porras en la calle Carretería; ya que estamos, otro en Cristo de la Epidemia con música de Megadeth; una procesión extraordinaria del Santo Traslado; una noria gigante en plan London Eye en la desembocadura del Guadalmedina; ungusano loco en la fuente de colores de Teatinos; un cine de arte y ensayo en el Llano de la Trinidad; un monumento a Chiquito de la Calzada en el glaciar Perito Moreno; un bono-descuento para Victoria's Secret; un kebab con el visto bueno de las autoridades sanitarias de la UE; una función de El Circo del Sol en el Recinto Eduardo Ocón;
Paradoja ... por Javier Marías
Un gran porcentaje de libros y artículos actuales escritos por mujeres tratan sólo sobre su sexo, y casi siempre en tono plañidero o furibundo u ofendido.
LAS MUJERES, a mi juicio, están siendo víctimas de una paradoja creada por un elevado número de ellas. Durante bastantes años, su justa pretensión fue que no se tuviera en cuenta el sexo de quienes trabajaban, o escribían, o eran artistas, o políticas, lo que se quisiera. Que el hecho de que una mujer ganara un premio, o fuera elegida académica o Presidenta del Gobierno, no supusiera en sí una “noticia”. Que los libros escritos, las películas dirigidas, los cuadros pintados, las investigaciones científicas realizadas, los cargos ocupados por mujeres, no resultaran objeto de comentario (ni de loa ni de escarnio) por esa accidental circunstancia. Que se juzgaran con normalidad, exactamente igual que las obras y logros de los varones. Que no hubiera, en suma, distinción por sexo ni paternalismo, y que se valorara todo por un mismo rasero. Se caminó en esa dirección, no sin dificultades. Todavía clama al cielo que en casi todos los países y ámbitos los hombres perciban mejores sueldos por tareas idénticas. Las mujeres aún tienen, como han tenido históricamente, derecho a quejarse y a reclamar para sí condiciones laborales equitativas. Pero sí, poco a poco sus quehaceres se empezaron a juzgar exclusivamente por su calidad y su mérito. Lo que interesaba interesaba, y tanto daba que estuviera llevado a cabo por un varón o una mujer. Ese, recuerdo, era el objetivo de Rosa Chacel, por ejemplo, a la que traté bastante. No sentía ningún complejo ni se reivindicaba nunca en tanto queescritora (femenina). Se veía a sí misma como a cualquier otro autor, capaz de medirse con los más grandes. Y no le gustó que, cuando fue candidata a la Academia, tuviera que disputarse el sillón con otra mujer, precisamente. (Dicho sea de paso, salió elegida esa otra, que en mi opinión no le llegaba ni a la suela del zapato).
LAS MUJERES, a mi juicio, están siendo víctimas de una paradoja creada por un elevado número de ellas. Durante bastantes años, su justa pretensión fue que no se tuviera en cuenta el sexo de quienes trabajaban, o escribían, o eran artistas, o políticas, lo que se quisiera. Que el hecho de que una mujer ganara un premio, o fuera elegida académica o Presidenta del Gobierno, no supusiera en sí una “noticia”. Que los libros escritos, las películas dirigidas, los cuadros pintados, las investigaciones científicas realizadas, los cargos ocupados por mujeres, no resultaran objeto de comentario (ni de loa ni de escarnio) por esa accidental circunstancia. Que se juzgaran con normalidad, exactamente igual que las obras y logros de los varones. Que no hubiera, en suma, distinción por sexo ni paternalismo, y que se valorara todo por un mismo rasero. Se caminó en esa dirección, no sin dificultades. Todavía clama al cielo que en casi todos los países y ámbitos los hombres perciban mejores sueldos por tareas idénticas. Las mujeres aún tienen, como han tenido históricamente, derecho a quejarse y a reclamar para sí condiciones laborales equitativas. Pero sí, poco a poco sus quehaceres se empezaron a juzgar exclusivamente por su calidad y su mérito. Lo que interesaba interesaba, y tanto daba que estuviera llevado a cabo por un varón o una mujer. Ese, recuerdo, era el objetivo de Rosa Chacel, por ejemplo, a la que traté bastante. No sentía ningún complejo ni se reivindicaba nunca en tanto queescritora (femenina). Se veía a sí misma como a cualquier otro autor, capaz de medirse con los más grandes. Y no le gustó que, cuando fue candidata a la Academia, tuviera que disputarse el sillón con otra mujer, precisamente. (Dicho sea de paso, salió elegida esa otra, que en mi opinión no le llegaba ni a la suela del zapato).
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