Susana Díaz afirma que es capaz de defender los intereses de Andalucía y de España al mismo tiempo. Díaz, que cuando le parece oportuno se reviste de humildad carmelita para decirnos que estará en el furgón de cola del socialismo o donde sus compañeros le digan, se nos revela a la vez como un Hércules capaz de llevar sobre sus hombros la autonomía mayor del reino y el propio reino. Por lo pronto ya ha hecho de Sansón, derribando las columnas de Ferraz sobre el filisteo Sánchez y su gente. Y sobre ella misma, tal como hizo el melenudo bíblico. Porque, aunque Díaz no se dé por aludida, los cascotes del derrumbe le han producido una enorme brecha en la imagen. Y en la militancia. Allá por donde va deja tras de sí un reguero de polvo, de destrucción. Y eso, en contra de lo que su energético optimismo y su camarilla de acólitos puedan transmitirle, no desaparece simplemente sacudiéndose el traje. Tampoco unos pocos meses de oscurantismo y de nuevas dosis de modestia ejemplar harán olvidar el descalabro. Si además quiere ser señalada como la salvadora de la deriva socialista lo tiene aún más difícil. Su estrategia se basa en la desmemoria y la confusión.
Ahora de lo que se trata es de salvar el escollo, dejar operar a la gestora bajo la atenta mirada de Mario Jiménez -su gps institucional- y que sea ese organismo el que se lleve el desgaste de la batalla. Luego vendría ella. Humildemente. Andando desde Triana, recolgada en el tope del tranvía si es preciso, pero mostrando sus titánicos bíceps. Por Andalucía, por España y la Humanidad, que dice el himno. Vendría ella y vendrían los suyos. Muchos de ellos también deberán esperar a que se evapore el halo de insidia que los envuelve. Miguel Ángel Heredia. Ahora podría volver a explicarnos que aquella negación de Sánchez a saludarlo en el Congreso fue un descuido. Pero no. Heredia es de explicar poco. Todavía, por ejemplo, se espera que como secretario general encare la orfandad en la que ha quedado el grupo socialista en el Ayuntamiento de Málaga. Para qué. Lo que preocupa es España. Heredia también ha defendido en la ejecutiva provincial el interés del país ante el de su partido. Pero ni él ni su Susana Díaz han hablado de la abstención en una eventual sesión de investidura. La primera piedra la tendrán que lanzar otros. Ellos se limitan a hablar de patriotismo. El bien de España, parece ser, era acabar con Pedro Sánchez según se deduce del hecho de que muchos de quienes contribuyeron a derribarlo siguen diciendo que 'No es no'. Eso significa que acabaron con el tozudo Sánchez no por estar implicados en una desaforada lucha por el poder sino por el bien de España. Así será. Y por el bien de España, no por estrategia, siguen callando o hablando entre elipsis, eufemismos y subterfugios. Ocultándose. Como se ocultan los avestruces. O como Sansón bajo los escombros.
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