sábado, 30 de julio de 2016

Ceylan cierra por jubilación tras 58 años en la calle Nueva

La tienda especializada en mantones y abanicos ha comenzado a liquidar toda la mercancía y bajará la persiana antes de que acabe agosto

Ni las tiendas más típicas logran resistir a rodillo destructor de las franquicias. Ceylan, el afamado negocio especializado en la venta de mantones, abanicos y velos de novia cerrará sus puertas a finales de agosto por la jubilación de su propietaria. Celia Ruiz, que llevaba desde los nueve años tras el mostrador, ha decidido bajar la persiana empujada también por la bajada de ventas y por la fuerte competencia. A sus 67 años ha decidido que es el momento de poner el punto y final a un negocio que llevaba 58 años en la calle Nueva.

La tienda fue abierta por sus padres en el año 1958. Después de trabajar en una pequeña bisutería en la calle Compañía, su padre decidió mudarse y montar un negocio que comenzó funcionando como tienda de regalos y de recuerdos de Toledo, que era lo que se llevaba por aquel entonces. A lo largo de este tiempo han evolucionado y han vendido prácticamente de todo, desde maletas a bolsos y complementos o regalos de boda; aunque su fama la lograron con los mantones y los velos, que aún hoy siguen haciendo a medida y completamente personalizados. «El negocio siempre ha estado vivo y nos hemos ido adaptando para seguir vendiendo», explica.

El tipismo de la tienda llega a tal punto que en la actualidad acuden muchos turistas recomendados por los trabajadores de las oficinas de turismo a ver sus escaparates repletos de abanicos. «Vienen a ver la tienda y no comprenden que el Ayuntamiento no haga algo para evitar los cierres de negocios tradicionales», explica. En su caso, el cierre también está condicionado por el fin de la renta antigua, ya que no ha logrado llegar a un acuerdo con el propietario del local para seguir funcionando en las condiciones actuales. «La tienda es mi vida, aunque me he cansado de luchar», confiesa.



Liquidar la mercancía
Celia Ruiz ha comenzado a liquidar toda la mercancía y calcula que cerrará de forma definitiva antes de que acabe agosto. Asegura que desde que ha colocado los carteles informando del cierre ha recibido innumerables muestras de cariño y muchas personas le han tratado de convencer para que no cierre. «Cuando puse los carteles entró un cliente y me ahogué en lágrimas y me tuve que esconder en la trastienda», confiesa. Con un poco más de calma, cree que ha llegado el momento de «disfrutar un poco de la vida» tras muchos años pegada a un mostrador. «El comercio tradicional es muy sacrificado; y encima nadie te ayuda», confiesa.

Ahora se ha propuesto aprender a bailar. «Es el sueño de mi vida, pero nunca he podido hacerlo y creo que no es tarde», afirma. Y también quiere viajar todo lo que no le han dejado los años de atención al público porque «ahora habrá tiempo para todo». Sin embargo cree que no volverá a pasar por la calle por «la pena tan grande» que le dará ver la tienda cerrada. «Todavía no me he visto en el caso, pero creo que no voy a poder volver a la calle Nueva», sostiene.

La única esperanza que les queda es que su sobrina Cristina ha comenzado a buscar local para retomar el negocio en otra zona y con otro nombre. Posiblemente se llamará Celyan, en homenaje a su tía.

LEÍDO EN DIARIO SUR

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